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jueves, agosto 03, 2006

Ya estamos...

De nuevo vienes… con otro nombre

Te llamas Chris, como la vecina. Como la chica amable que saluda al encontrarme… Esa que vino del norte, pero que es cálida… le atrajo el calorcito y la humedad de esta zona, como a ti. Es una seductora y simpática, cómplice de mis andanzas. No hace ruido y deja, a veces, traspasar desde su ventana, una música suave.
De viento.

Vienes del sur, lo sabemos. Allí naces, allí te vas alimentando hasta que echas a volar… te tropiezas y reanudas el vuelo corajuda y enjundiosa. Y realizas cabriolas caprichosas. Y te llevas lo que encuentras, no te importa. Egoísta, traviesa, desastrosa… no te mides. Bailas salsas y merengues y ritmos tropicales como ninguna. Te meneas, sacudes cabelleras. Imparable. Incansable.
Agotas.

Tu madre te pare. Fruto del calor y del frío, del Sol y la Luna, de las mareas, las estaciones. De Helios y Selene y descendiente de todas las constelaciones. Niño o Niña… Creces. Y vas creciendo. Aumentas en grosor y estatura. Te alimentas, te vuelves caníbal y también vegetariana y sangrienta y sedienta. Devoras. Demandas, arrasas. No importa lo que ingieras…
Bulímica, lo vomitas donde sea.

Te conozco. Cuando creces, tu soberbia no tiene límites. No hay poder humano que te destruya. Nadie ni nada puede contigo. Te dejamos. Te observamos… precavidos.
Agua, pan, latas, atún, frijoles, paté, aceitunas. Lámparas, pilas, velas, cerillos. Protegemos las ventanas. Quitamos los adornos. Llenamos las despensas, el botiquín, por si acaso…
No pasaras de largo.

2006 Coro

martes, abril 11, 2006

Entre notas

Domingo musical
En el Auditorio. La Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña
Lleno. Lleno de gente... Programa. Alberto Ginastera Glosses sobre temas de Pau Casals. Robert Schumann Concert per a piano i orquestra en la menor, op. 54. Franz Schubert Obertura Rosamunda D.644. Astor Piazzolla Tangazo...
Sin piano, con piano, sin piano con el piano presente... en el Centro. La orquesta, los aplausos. Aparece la pianista, el director. Más aplausos. Las teclas, los dedos, las manos, la melodía, los violines, las violas, el cello, el piano, el escenario y tú. Las flautas, las trompas, los clarinetes, y tú, de nuevo, tú. El piano, los acordes, el director, la batuta, mi boli y tú.
El contrabajo, do re mi, la sol fa, sostenidos, aire, viento, cuerdas, teclas. Agudos, graves, sonoros, altos, bajos, fuertes, delgados y tú. La gente, las cabezas, el silencio, la música, la apoteosis. La marcha, diminuendo, el allegro, ma non troppo, y tú. La batuta y tú, tú, tú...
Las trompetas, los trombones, el saxo, los primeros violines, los timbales, el oboe. La pianista, sus manos calientes, las tuyas frías. El negro de los vestidos, el claro del auditorio, la madera, los asientos, la acústica. Schumann, Schubert, Piazzolla, Ginastera, Casals. Las luces, la penumbra. In crescendo, la furia, el enojo, el teclado, los violines, la réplica. La discusión, la calma, el acuerdo, el llanto de un niño: ¡A callar! De nuevo el piano, el trombón en acelere, la discusión, la discordia. Las notas, las palabras, el silencio, lenguaje escondido. Tú.
Los brillos de los instrumentos, el blanco y el negro. Palomas volando. La respiración, ronquidos cercanos. El arpa, suave... lenta, amor, caricias. Escondido asoma, poco a poco, piano a piano. ¡Ahora!... se descubre. El director, controla, dirige. ¿Estás aquí?, me gustaría... ¿Estás entre la gente que escucha, que siente? La flauta de pan y el clavicordio, no están. Las percusiones tampoco, se han ido. Como tú.
El piano pide, los demás dan. Los demás dicen, el piano responde. Si tú estuvieras... ¿sería igual? en el intermedio... No, no eras, y de haberlo sido, preferiría que no lo fueras... Quiero hablarte en silencio, llenarte de letras.
La pasión del director, la entrega. Se da. Entero. ¿Dónde estás? Tu figura, busco tu figura. La apoteosis, todos a la vez, estruendo, final: tú. La emoción, el llanto, la risa, tú. La calma. ¡Bravo! ¡Bravo! Los aplausos. Más aplausos. Muchos aplausos. No se acaban los aplausos. La gente aplaudiendo por todos lados, en los asientos, de pie, sentados. Los músicos de la orquesta se paran. El director, sale, entra, sale. Los aplausos más fuertes. Vuelve a salir. Más aplausos. Muchos, muchos aplausos. La pianista sale, las flores, entra, vuelve a salir. Más aplausos. Un bis. Me duelen las manos. Interminables palmadas dolorosas. Tú.
Un Solo de piano. Mi corazón emocionado, mis sentidos alertas. ¡Bravo! Más aplausos al final... tendrías que escucharlo, que verlo. Los aplausos en desorden, en orden, te extraño. El canto de las manos, de las tuyas. El lamento frío de tus dedos. Los aplausos cada vez más sonoros y fuertes. Como si te encontrara, aplaudo fuerte. El director no eres tú. De nuevo la música, la batuta... Su pelo, su figura delgada, como tú. Sus manos volando.
El ritmo acelerado. Allegro troppo vivace. Andante. Las percusiones, el viento entre las cuerdas...
Disminuye. Tristeza, acordes melancólicos. Nocturno. Noche. Oscuridad. El dolor. El pensamiento va a ti. ¿A dónde te has ido? Crescendo. Aumento. Grito. Clamor... Silencio.
La levita elegante. La resolución del conflicto. Los violines, los saxos, las trompetas, las flautas. Las manos palomas de paz. La paz. En paz. ¿Dónde estás?
Aplausos, más, más aplausos...
Coro

lunes, abril 10, 2006

Mosquitos

Por todos lados, en el aire, en los jardines, en las habitaciones, en la sala, en los rincones surgen... me molestan, zumban en mis oídos, me nublan la vista, entran por mi nariz. Me pican, tantos, cientos, miles, millones de mosquitos.
¿Te agobian también en este momento? ¿Acaso miras cómo manoteo y los espanto? Es el atardecer que les provoca... la hora de su cena. Logro ponerme a salvo rápidamente. Entro en un cuarto y... uno se para en mi rodilla, lo observo. Siento cómo me inyecta algo y luego un pinchazo que me produce ardor. Lo dejo hacer su labor. Permito que me succione sangre. Que se lleve a su vida de insecto parte de mi esencia de persona, una micro millonésima parte de mi hemoglobina. Yo me largo allí, en ese cuerpecillo y vuelo transportada en esas sus alas ligeras... somos dos, tres, resultado de la mezcla, mestizaje humano animal.
Se va, volando bajo. Ha aumentado su grosor. Su barriga está hinchada. Le pesan mi glóbulos rojos y blancos ingeridos... sin embargo, vuelve al ataque. Ahora en mi pie izquierdo.
¡Ay! ¡Qué molesto picor! Abro las puertas y te busco.
Y de nuevo, tantos, cientos, miles, millones... por todos lados.
¿Dónde estás?
Coro