Ha transcurrido el tiempo suficiente para que no recuerdes. El olvido ha llegado. Una mañana te despiertas y ya lo tienes contigo. Allí está el olvido. En cada línea de tu mano, que vuelve a ser tuya por completo. El olvido está en cada cabello, en cada mirada en el espejo. Allí está el olvido. Ya no sueñas con historias inconclusas. Se ha resuelto el final. Nada importa de esa época, nada duele. No sientes, no deseas. Indiferencia. El olvido es indiferencia. Da lo mismo. Allí está.
Algunas definiciones del DRAE
Olvidar: // Dejar de tener en la memoria lo que se tenía o debía de tener. // Dejar de tener en el afecto o afición a alguien o algo. // Hacer perder la memoria de algo. (...)
Según Freud, el olvido opera como mecanismo de defensa. Hace lagunas en la memoria de situaciones no placenteras.
He recibido (de un editor) cheques; sin firma uno, y otro, sin saldo en la cuenta. Seguro se olvidó...
¿Cuántas veces hemos confundido (olvidado) el lugar, la hora, el día de la cita? ¿Será porque no queremos acudir?
Aforismos:
Cuando era joven leía, casi siempre, para aprender; ahora leo, por lo regular, para olvidar.
Giovanni Papini
El placer que acompaña al trabajo pone en olvido la fatiga.
Horacio
Olvido es señal de menosprecio, y por lo tanto causa enojo.
Aristóteles
Es tan corto el amor y tan largo el olvido...
Neruda
La cuestión en la vida no es saber mucho, sino olvidarse de poco.
Homero Expósito
Se ama sin razón y se olvida sin motivo.
Alfonso Karr
Yo nunca olvido una cara, pero en su caso haré una excepción.
Groucho Marx
P.D. No olviden dejar su comentario, muchas gracias.
Coro
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viernes, junio 02, 2006
lunes, mayo 29, 2006
Volver a Cancún
Hoy lunes me levanté tempranito y con antojo de comer unas "gorditas de doña Tota", así que me puse mi minifalda y me largué a un centro comercial donde hay puestos de comida (puedes comprar en todos los restorantitos y luego te sientas a una de las mesas del centro) y me comí tres: una de revoltijo -hecha con todos los guisos que tienen allí- otra de frijolitos con chicharrón seco y la tercera de carne molida con mucho chile... En otro sitio compré un jugo de mamey.
¡Vaya diferencia! entre los bocadillos de pan con tomate que comía para desayunar, los años pasados, cuando vivía en Barcelona, y las "gorditas de doña Tota"... de verdad que el cuerpo tendría qué protestar... pero no. Uno se va acoplando igual que sus órganos vitales, a lo que hay, a lo que le suministres.
Leyendo el blog de hoy de Care Santos mis pensamientos se entretuvieron con eso de "volver"... Y bueno, entre las mordidas que le daba a las gorditas y mis cavilaciones acerca de las cosas que hemos dejado, llegué a la conclusión de que volver es una palabra que no debería de existir.
No se puede volver al pasado. Se puede regresar a los lugares. Ver a las personas. Recorrer los sitios, pero volver, es imposible. Ya nada es igual...
Mejor me voy al mar a nadar un rato... a ver si así quemo las calorías ingeridas con las gorditas.
¡Vaya diferencia! entre los bocadillos de pan con tomate que comía para desayunar, los años pasados, cuando vivía en Barcelona, y las "gorditas de doña Tota"... de verdad que el cuerpo tendría qué protestar... pero no. Uno se va acoplando igual que sus órganos vitales, a lo que hay, a lo que le suministres.
Leyendo el blog de hoy de Care Santos mis pensamientos se entretuvieron con eso de "volver"... Y bueno, entre las mordidas que le daba a las gorditas y mis cavilaciones acerca de las cosas que hemos dejado, llegué a la conclusión de que volver es una palabra que no debería de existir.
No se puede volver al pasado. Se puede regresar a los lugares. Ver a las personas. Recorrer los sitios, pero volver, es imposible. Ya nada es igual...
Mejor me voy al mar a nadar un rato... a ver si así quemo las calorías ingeridas con las gorditas.
viernes, mayo 26, 2006
¿Esperas?
LA ESPERA
Esperando...
Lleva 12 minutos de retraso. ¿Vendrá? Nunca ha fallado, pero...
¿Porqué espero?
Es ahora que me toca esperar. Es mi turno de estar esperando.
¿Habrá un tiempo en que ya no espere? ¿La vida es esperar siempre? ¿Siempre esperar? ¿Esperar por todo? ¿Esperar por qué?
La espera y la vida van juntas. La espera es la antesala de cualquier cosa.
Hasta lo que no te esperas lo tienes que esperar. Hasta lo que llega sin avisar de alguna manera lo has esperado.
Espero siempre. Es inevitable esperar.
En primer lugar: ¿qué espero? ¿el amor? ¿un hombre? ¿estar feliz y en paz? ¿satisfacer mis deseos? ¿dar rienda suelta a mis pasiones?
Espero, espero. De nuevo vuelvo a esperar. Y seguiré esperando. Siempre.
Te esperaré toda la vida...
P.D. espero que me llame.
ESPERA
Calma, paciencia, facultad de saberse contener y de no proceder sin reflexión. / Tener esperanza de conseguir lo que se desea. / Permanecer en sitio a donde se cree que ha de ir alguna persona o en donde se presume que ha de ocurrir alguna cosa.
Diccionario de la Real Academia Española (algunas de las definiciones de espera).
ESPERA: Angustia por esperar al ser amado.
La angustia del que espera no es realmente violenta. El que espera puede pensar en ciertos momentos mientras espera que –si está en un bar, por ejemplo– su entorno está alejado de la realidad. “Miro a los que entran, miro a los demás que beben café, charlan, bromean, leen tranquilamente: claro, ellos no esperan”.
–¿Esperas?
–Sí.
–Entonces estás enamorado.
ESPERA
La angustia de esperar la tan ansiada llamada que prometió la persona que es posible te dé trabajo.
Ahora, con el teléfono móvil se han solucionado mucho las oportunidades de esperar, puedes ir al lavabo con el teléfono, salir de compras, ir al bar... pero no puedes ocupar el aparato porque puede ser que en ese momento te llamen.
La espera es un delirio. Es una necesidad de creer que llegará algo grandioso, muchas veces fuera de la realidad.
Si esperas una llamada, contestas el teléfono y no es la persona a quien estás esperando, te enfadas con el que llamó, pero disimulas, te contienes.
A veces juego a que no espero nada, me distraigo con otras cosas, llego con retraso, pero siempre pierdo en este juego y termino esperando.
Por ejemplo, cuando esperamos en la cola del banco, en los aeropuertos, en las colas de las taquillas para comprar entradas al cine, establecemos un vínculo con los empleados que nos atenderán ya que dependemos de un persona que nos hace esperar. Es un vínculo de agresión.
CONSEJOS PARA HACER DE LA ESPERA ALGO MÁS LLEVADERO:
Si esperas en un bar, puedes distraerte leyendo el diario.
Si ya sabes que esperarás por alguien, lleva siempre un libro contigo.
Si te gusta hacer crucigramas es un buen momento para rellenarlos.
Has recuentos mentales, una vez yo me distraje tratando de recordar los nombres de mis compañeras de sexto año por orden alfabético. Cuando conté a un amigo mi pasatiempo, él me dijo que lo iba a poner en práctica tratando de recordar los nombres de todas las personas con las que había hecho el amor...
ANÉCDOTA
–¿Cuál es el color de la esperanza? –me preguntó mi profesora de dibujo cuando tenía 10 años.
–Blanco –contesté.
–¿Cuál es el color de la pasión?
–Rojo –respondí–. Y cuáles son los colores de esperanza y pasión para ti? –le pregunté.
Ella me explicó que el color de la esperanza es el rojo y el de la pasión también. Es muy simple, esperanza y pasión son la misma cosa, porque sin esperanza no puedes tener pasión y sin pasión no puedes tener esperanza.
HACER ESPERAR
Prerrogativa constante de todo poder, “pasatiempo milenario de la humanidad”.
ESTÁS ESPERANDO CUANDO:
Miras el reloj continuamente.
Piensas que tal vez hubo una equivocación en el lugar del encuentro y la hora. Un malentendido.
Recuerdas con precisión los momentos en que entablaron la cita, lo que se dijeron.
No sabes si llamar por teléfono...
Si te asomas a la esquina, tal vez lo veas llegar.
Si te vas y llega en ese preciso momento, sería posible que se fuera –piensas, estás angustiado.
Sientes cólera, quisieras reprocharle que siempre llega tarde.
Después pasas a la angustia, temes que le haya pasado algo.
Sufres. Te sientes abandonado.
Es porque... Estás esperando.
Coro
Esperando...
Lleva 12 minutos de retraso. ¿Vendrá? Nunca ha fallado, pero...
¿Porqué espero?
Es ahora que me toca esperar. Es mi turno de estar esperando.
¿Habrá un tiempo en que ya no espere? ¿La vida es esperar siempre? ¿Siempre esperar? ¿Esperar por todo? ¿Esperar por qué?
La espera y la vida van juntas. La espera es la antesala de cualquier cosa.
Hasta lo que no te esperas lo tienes que esperar. Hasta lo que llega sin avisar de alguna manera lo has esperado.
Espero siempre. Es inevitable esperar.
En primer lugar: ¿qué espero? ¿el amor? ¿un hombre? ¿estar feliz y en paz? ¿satisfacer mis deseos? ¿dar rienda suelta a mis pasiones?
Espero, espero. De nuevo vuelvo a esperar. Y seguiré esperando. Siempre.
Te esperaré toda la vida...
P.D. espero que me llame.
ESPERA
Calma, paciencia, facultad de saberse contener y de no proceder sin reflexión. / Tener esperanza de conseguir lo que se desea. / Permanecer en sitio a donde se cree que ha de ir alguna persona o en donde se presume que ha de ocurrir alguna cosa.
Diccionario de la Real Academia Española (algunas de las definiciones de espera).
ESPERA: Angustia por esperar al ser amado.
La angustia del que espera no es realmente violenta. El que espera puede pensar en ciertos momentos mientras espera que –si está en un bar, por ejemplo– su entorno está alejado de la realidad. “Miro a los que entran, miro a los demás que beben café, charlan, bromean, leen tranquilamente: claro, ellos no esperan”.
–¿Esperas?
–Sí.
–Entonces estás enamorado.
ESPERA
La angustia de esperar la tan ansiada llamada que prometió la persona que es posible te dé trabajo.
Ahora, con el teléfono móvil se han solucionado mucho las oportunidades de esperar, puedes ir al lavabo con el teléfono, salir de compras, ir al bar... pero no puedes ocupar el aparato porque puede ser que en ese momento te llamen.
La espera es un delirio. Es una necesidad de creer que llegará algo grandioso, muchas veces fuera de la realidad.
Si esperas una llamada, contestas el teléfono y no es la persona a quien estás esperando, te enfadas con el que llamó, pero disimulas, te contienes.
A veces juego a que no espero nada, me distraigo con otras cosas, llego con retraso, pero siempre pierdo en este juego y termino esperando.
Por ejemplo, cuando esperamos en la cola del banco, en los aeropuertos, en las colas de las taquillas para comprar entradas al cine, establecemos un vínculo con los empleados que nos atenderán ya que dependemos de un persona que nos hace esperar. Es un vínculo de agresión.
CONSEJOS PARA HACER DE LA ESPERA ALGO MÁS LLEVADERO:
Si esperas en un bar, puedes distraerte leyendo el diario.
Si ya sabes que esperarás por alguien, lleva siempre un libro contigo.
Si te gusta hacer crucigramas es un buen momento para rellenarlos.
Has recuentos mentales, una vez yo me distraje tratando de recordar los nombres de mis compañeras de sexto año por orden alfabético. Cuando conté a un amigo mi pasatiempo, él me dijo que lo iba a poner en práctica tratando de recordar los nombres de todas las personas con las que había hecho el amor...
ANÉCDOTA
–¿Cuál es el color de la esperanza? –me preguntó mi profesora de dibujo cuando tenía 10 años.
–Blanco –contesté.
–¿Cuál es el color de la pasión?
–Rojo –respondí–. Y cuáles son los colores de esperanza y pasión para ti? –le pregunté.
Ella me explicó que el color de la esperanza es el rojo y el de la pasión también. Es muy simple, esperanza y pasión son la misma cosa, porque sin esperanza no puedes tener pasión y sin pasión no puedes tener esperanza.
HACER ESPERAR
Prerrogativa constante de todo poder, “pasatiempo milenario de la humanidad”.
ESTÁS ESPERANDO CUANDO:
Miras el reloj continuamente.
Piensas que tal vez hubo una equivocación en el lugar del encuentro y la hora. Un malentendido.
Recuerdas con precisión los momentos en que entablaron la cita, lo que se dijeron.
No sabes si llamar por teléfono...
Si te asomas a la esquina, tal vez lo veas llegar.
Si te vas y llega en ese preciso momento, sería posible que se fuera –piensas, estás angustiado.
Sientes cólera, quisieras reprocharle que siempre llega tarde.
Después pasas a la angustia, temes que le haya pasado algo.
Sufres. Te sientes abandonado.
Es porque... Estás esperando.
Coro
miércoles, mayo 24, 2006
CELOS
Los celos:
"Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra".
Diccionario de la Real Academia Española.
"Celos: sentimiento que nace del amor y que es producido por la creencia de que la persona amada prefiere a otro".
Littré.
Solamente de pensar en escribir acerca de los celos, ya siento angustia y desconcierto.
Shakespeare los describió en sus obras:
"Tened cuidado con los celos: es el monstruo de ojos verdes que se burla del alimento del que se nutre. Vive con felicidad el cornudo que, sabiendo su destino, no ama a la que le agravia. Pero, ¡qué condenados minutos cuenta el que ama y duda; el que sospecha pero ama de veras!"
Iago en Otelo.
"Yo he de ser dueño de lo que es mío: ella es mi hacienda, mis muebles, mi hogar, mis campos, mi granero, mi caballo, mi buey, mi burro, mi lo que sea. A ver quién se atreve a tocarla".
Petruchio en La doma de la bravía.
"¿Qué sentía yo en las horas de placer que ella me robaba? No lo veía, no lo pensaba, no me hacía daño; a la noche siguiente dormía bien, comía bien, estaba libre y contento. No encontraba yo en sus labios los besos de otro. El que ha sufrido un robo y no echa de menos lo robado, si no se le hace saber, no ha sufrido ningún robo. (...) Habría sido feliz aunque todos (...) hubieran probado su dulce cuerpo, con tal que yo no hubiera sabido nada".
Otelo en Otelo.
"¡Impostora, gusano, cáncer de las flores, ladrona de amor! ¿Es decir, que os habéis deslizado furtivamente en la sombra de la noche y me habéis robado el corazón de mi amante?"
Hermia en Sueño de una noche de verano.
Y cuando entran y se asoman por las ventanas:
Me parecen un animal gigantesco que me amenaza con destruir, y todo lo que tengo se derrumbaría y se quedaría en nada. Y llegaría la soledad y la tristeza. Y la ausencia del amado o del poseído amante.
...y todos reirían y se burlarían de mí.
Y mientras él disfrutaría con “la otra”, con la usurpadora de lo que es mío... él.
Ambos comentarían de mis torpezas que antes no lo eran... pero que ahora compartiéndolas con “esa” se volverían anécdotas que juraría insoportables para él.
El deseo aumentaría para ellos, crecería a mi costa, por ser lo prohibido y por ese motivo más atrayente. Y el deseo les lleva a dimensiones todavía más intensas... gracias ¡a mí!
Esos son los celos:
La traición del amado.
La traición al amor.
La traición a todos los momentos.
No compartir nada más.
El otro(a) es el adversario, el enemigo, el competidor.
Los celos son incontrolables.
Llegan y te das cuenta de que no controlas a tu amado(a), que no es una extensión de ti mismo.
“Son un producto de la pasión: incontrolables.
Los celos surgen de la desconfianza hacia el otro.
Un producto de la debilidad de uno mismo.
Inspirados en el miedo. Sentimiento de inseguridad”.
Leonardo Díaz.
Los grandes celosos son grandes violentos, porque en el fondo la violencia está muy ligada a la inseguridad.
Pueden estar en una parte oculta de uno y descubrirse en un momento determinado.
Hay personas que nunca los han sentido y en un momento tienen un arrebato de celos.
“Son una enfermedad del egoísmo occidental, yo nunca seré celoso”.
Tiam Goudarzi.
Te sientes tan ridículo...
Es una cosa que se siente muy dentro y que está a flor de piel.
Rabioso, pasional, agresivo.
Los celos se van a la historia de la otra persona.
Sentimiento enfermizo que puede ir creciendo y multiplicándose.
La mejor manera de superarlos o mitigarlos o que desaparezcan es enfrentándote a ellos.
El celoso sufre:
1. Porque está celoso y se siente excluido.
2. Porque se reprocha estarlo y se cree loco.
3. Porque teme que sus celos hieran al otro por ser agresivo.
4. Por dejarse invadir por ese sentimiento y ser ordinario.
“Cuando amo soy muy exclusivo”.
Sigmund Freud.
Ser celoso es algo propio. Rechazar los celos (ser perfecto) es pues transgredir una ley.
Un ser perfecto es aquel que no siente celos. Y ¿quién es perfecto en este mundo?
Todos hemos experimentado los celos muchas veces en nuestra vida. Y mientras continuemos vivos seguiremos teniendo este sentimiento con nosotros.
"Los celos son egoístas. Uno no soporta dejar de ser importante para la otra persona".
Katinka Rosés.
REMEDIOS PARA LOS CELOSOS
Piensa con serenidad.
Aclara la situación en tu mente, si es preciso comenta lo que sientes con un amigo, eso te aliviará.
Ríete de ti mismo al verte celoso.
Relájate, respira hondo.
Piensa que son imaginaciones que no puede ser verdad lo que crees que pasa.
Has cosas diferentes, sal de la rutina.
Ayuda a personas que sientes te necesitan (te sentirás útil y tu autoestima subirá).
Cuida tu aspecto personal.
Disfruta de las miradas de la gente.
Sonríe con las personas que te encuentras a tu paso.
Sostén la mirada y guiña un ojo a quien te guste.
Coquetea.
Se me ocurren más sugerencias, pero puede ser que en vez de un celoso sean dos.
Coro
"Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra".
Diccionario de la Real Academia Española.
"Celos: sentimiento que nace del amor y que es producido por la creencia de que la persona amada prefiere a otro".
Littré.
Solamente de pensar en escribir acerca de los celos, ya siento angustia y desconcierto.
Shakespeare los describió en sus obras:
"Tened cuidado con los celos: es el monstruo de ojos verdes que se burla del alimento del que se nutre. Vive con felicidad el cornudo que, sabiendo su destino, no ama a la que le agravia. Pero, ¡qué condenados minutos cuenta el que ama y duda; el que sospecha pero ama de veras!"
Iago en Otelo.
"Yo he de ser dueño de lo que es mío: ella es mi hacienda, mis muebles, mi hogar, mis campos, mi granero, mi caballo, mi buey, mi burro, mi lo que sea. A ver quién se atreve a tocarla".
Petruchio en La doma de la bravía.
"¿Qué sentía yo en las horas de placer que ella me robaba? No lo veía, no lo pensaba, no me hacía daño; a la noche siguiente dormía bien, comía bien, estaba libre y contento. No encontraba yo en sus labios los besos de otro. El que ha sufrido un robo y no echa de menos lo robado, si no se le hace saber, no ha sufrido ningún robo. (...) Habría sido feliz aunque todos (...) hubieran probado su dulce cuerpo, con tal que yo no hubiera sabido nada".
Otelo en Otelo.
"¡Impostora, gusano, cáncer de las flores, ladrona de amor! ¿Es decir, que os habéis deslizado furtivamente en la sombra de la noche y me habéis robado el corazón de mi amante?"
Hermia en Sueño de una noche de verano.
Y cuando entran y se asoman por las ventanas:
Me parecen un animal gigantesco que me amenaza con destruir, y todo lo que tengo se derrumbaría y se quedaría en nada. Y llegaría la soledad y la tristeza. Y la ausencia del amado o del poseído amante.
...y todos reirían y se burlarían de mí.
Y mientras él disfrutaría con “la otra”, con la usurpadora de lo que es mío... él.
Ambos comentarían de mis torpezas que antes no lo eran... pero que ahora compartiéndolas con “esa” se volverían anécdotas que juraría insoportables para él.
El deseo aumentaría para ellos, crecería a mi costa, por ser lo prohibido y por ese motivo más atrayente. Y el deseo les lleva a dimensiones todavía más intensas... gracias ¡a mí!
Esos son los celos:
La traición del amado.
La traición al amor.
La traición a todos los momentos.
No compartir nada más.
El otro(a) es el adversario, el enemigo, el competidor.
Los celos son incontrolables.
Llegan y te das cuenta de que no controlas a tu amado(a), que no es una extensión de ti mismo.
“Son un producto de la pasión: incontrolables.
Los celos surgen de la desconfianza hacia el otro.
Un producto de la debilidad de uno mismo.
Inspirados en el miedo. Sentimiento de inseguridad”.
Leonardo Díaz.
Los grandes celosos son grandes violentos, porque en el fondo la violencia está muy ligada a la inseguridad.
Pueden estar en una parte oculta de uno y descubrirse en un momento determinado.
Hay personas que nunca los han sentido y en un momento tienen un arrebato de celos.
“Son una enfermedad del egoísmo occidental, yo nunca seré celoso”.
Tiam Goudarzi.
Te sientes tan ridículo...
Es una cosa que se siente muy dentro y que está a flor de piel.
Rabioso, pasional, agresivo.
Los celos se van a la historia de la otra persona.
Sentimiento enfermizo que puede ir creciendo y multiplicándose.
La mejor manera de superarlos o mitigarlos o que desaparezcan es enfrentándote a ellos.
El celoso sufre:
1. Porque está celoso y se siente excluido.
2. Porque se reprocha estarlo y se cree loco.
3. Porque teme que sus celos hieran al otro por ser agresivo.
4. Por dejarse invadir por ese sentimiento y ser ordinario.
“Cuando amo soy muy exclusivo”.
Sigmund Freud.
Ser celoso es algo propio. Rechazar los celos (ser perfecto) es pues transgredir una ley.
Un ser perfecto es aquel que no siente celos. Y ¿quién es perfecto en este mundo?
Todos hemos experimentado los celos muchas veces en nuestra vida. Y mientras continuemos vivos seguiremos teniendo este sentimiento con nosotros.
"Los celos son egoístas. Uno no soporta dejar de ser importante para la otra persona".
Katinka Rosés.
REMEDIOS PARA LOS CELOSOS
Piensa con serenidad.
Aclara la situación en tu mente, si es preciso comenta lo que sientes con un amigo, eso te aliviará.
Ríete de ti mismo al verte celoso.
Relájate, respira hondo.
Piensa que son imaginaciones que no puede ser verdad lo que crees que pasa.
Has cosas diferentes, sal de la rutina.
Ayuda a personas que sientes te necesitan (te sentirás útil y tu autoestima subirá).
Cuida tu aspecto personal.
Disfruta de las miradas de la gente.
Sonríe con las personas que te encuentras a tu paso.
Sostén la mirada y guiña un ojo a quien te guste.
Coquetea.
Se me ocurren más sugerencias, pero puede ser que en vez de un celoso sean dos.
Coro
lunes, mayo 15, 2006
El Amor
¿Qué es el Amor?
Algunas definiciones de AMOR del Diccionario de la Real Academia Española:
Amor: Sentimiento que mueve a desear que la realidad amada, otra persona, un grupo humano o alguna cosa, alcance lo que se juzga su bien, a procurar que ese deseo se cumpla y a gozar como bien propio el hecho de saberlo cumplido (...) / Atracción sexual / (...) de mil amores / hacer el amor / por amor a Dios...
entre otros.
Amor entre padres e hijos:
El niño siente que los padres lo quieren simplemente porque es el hijo. Existe lo que diríamos, un amor incondicional.
El amor infantil sigue el principio de:
“Amo porque me aman”.
El amor maduro obedece el principio de:
“Me aman porque amo”.
El amor inmaduro es:
“Te amo porque te necesito”.
El amor maduro:
“Te necesito porque te amo”.
El amor fraternal:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
La Biblia.
El amor fraternal es el amor de todos los seres humanos y se caracteriza sobre todo por su falta de exclusividad. Se basa en la experiencia de que todos somos uno.
El amor al desvalido, al pobre, al inmigrante, es el inicio del amor fraternal. Amar a los de la propia sangre no tiene gran mérito. Teniendo compasión por el desvalido, por tu vecino, el hombre comienza a desarrollar el amor.
El amor erótico:
Podemos definirlo como el anhelo de fusión completa de unirse con otra persona. Es un amor exclusivo, por naturaleza. Se confunde con la experiencia de “enamorarse” y con la pasión que puede surgir entre dos desconocidos que quieren romper las barreras y compenetrarse uno con el otro.
Puede significar la superación de la soledad y el aislamiento.
También podemos encontrar a personas enamoradas que no sienten el amor verdadero...
El amor verdadero es un egoísmo de dos: son dos seres que se identifican mutuamente y que resuelven el problema del aislamiento y soledad.
Para amar a otro, primero has de amarte a ti mismo...
Shakespeare con sus palabras de amor en algunas de sus obras:
Hermia: cuanto más le odio, más me persigue.
Elena: cuanto más le amo, más me aborrece.
"Sueño de una noche de verano."
Valentino: ¿cómo sabes que estoy enamorado?
Presteza: por signos evidentes. Habéis aprendido a retorcer los brazos, como alguien descontento; a entonar canciones de amor, como un petirrojo; a caminar siempre solo, como quien tiene la lepra; a suspirar, como un escolar que ha perdido su abecedario; a sollozar, como una joven que ha enterrado a su abuela; a ayunar, como quien está a dieta; a estar siempre en vilo, como quien teme a un ladrón; a gimotear, como un mendigo el Día de Todos los Santos.
"Los dos caballeros de Verona."
Aún no han bebido cien palabras tuyas mis oídos y ya te conozco.
"Romeo y Julieta."
Sufrir de amor, buena expresión. De verdad sufro de amor, pues os amo contra mi voluntad.
"Mucho ruido y pocas nueces."
Neruda, un poeta enamorado que sentía la noche, las estrellas y el amor mezclados con la nostalgia. Veinte poemas de amor y una canción desesperada:
Quiero escribir los versos más tristes esta noche
Escribir por ejemplo, la noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos...
Otras formas de ver y sentir el amor lo observamos en Charles Boudelaire, el poeta maldito, una estrofa de “El amor y el cráneo”:
El amor está sentado en el cráneo
de la Humanidad
y ríe en este trono el profano
con risa desvergonzada.
Yo creo que quien encuentra el amor, no lo buscaba.
El amor... el AMOR, es traicionero, es rebelde, es obcecado, es obsesivo, es enfermizo, es testarudo, es engreído, es estúpido, es grandioso, es humilde, digno, pedante, petulante... es mucho más. Es energía que te invade y te llena el cuerpo de impulsos nerviosos espontáneos. Te hace ir en una sola dirección. Te somete a su antojo, con pasiones y angustias, con recuerdos y fantasías. El amor es un hechizo, un estado diferente de ver, de sentir, de hablar, de mirar, de respirar. Crees que cuando respiras el aire tiene forma. Crees que cuando caminas andas por el mundo con objetivos, con misiones impuestas y divinas. Crees que cuando sonríes transmites alegría, tu alegría. Crees que cuando sueñas, sólo tú sueñas.
El amor te convierte en ese ser perfecto y loco que te encuentras en las fantasías de los poetas y los románticos.
¿Cuánta gente siente el amor? ¿cuántas veces en una vida se puede sentir el amor? Descubro que lo siento, que me abraza y me dejo llevar, aunque no lo quiera me he de dejar llevar porque si no lo hago, él me lleva contra mi voluntad. El amor es como el nacer, no tiene remedio, ya está aquí.
¿Se puede dar amor? ¿Cómo? Se siente, pero ¿cómo se da el amor? Con obras, palabras, miradas, con comprensión, con escuchas, con bromas ligeras. Se transmite con palabras, con tacto, con hechos.
¿Cómo no confundir el amor con otro sentimiento fugaz como la pasión? No hay diferencia, dure lo que dure, el amor es válido. El amor siempre es verdadero, porque se siente, se experimenta. ¿Un día, un mes, un año, dos, once, toda la vida? Es igual, es amor.
También el AMOR provoca miedos...
Estoy enamorada, creo. Con un miedo terrible a sufrir. No me gustaría llorar y pensar que soy infeliz. No quiero estar esperando por nadie. No quiero suplicar ni pedir nada. Nada. No pedir tiempo. No pedir consuelo. Lástima. No quiero estar enamorada. Era lo que quería, pero estoy aterrorizada.
Me siento llena de incertidumbre, de melancolía. Pienso en él demasiado.
No lo veré más. Es lo mejor, no verlo. Dejarlo. Con sus besos. Que se vaya. Borrarlo de mi vida. Alejarme de su entorno. Esta es mi verdad. Inquieta mi paz. Se mete hondo. Es él. Lo sé. El que esperaba, el que llegaría.
Y al AMOR ¿quién lo entiende?
Lo amo. Lo odio. Lo deseo. Lo rechazo, Lo quiero. Lo alejo. Lo aborrezco. Lo detesto. Lo añoro. Lo ignoro. Lo beso. Lo recuerdo. Lo imito. Lo sueño. Le hablo. Le digo no. Le digo sí. Le aprendo. Le estudio. Le cuento. Le toco. Le beso otra vez en la memoria.
No lo quiero ver más. Es detestable, horroroso, ingrato, infame, seductor, ignorante, erudito, sabio, inteligente, burro, león, oso, pantera, ogro, gato, perro y loro.
No lo quiero ver más porque no sabe que quiero verlo. No lo quiero ver más porque cada vez le querría ver más. No lo quiero ver más porque en las noches pensando en él no duermo. No lo quiero ver más porque es insoportable estar sin él. No lo quiero ver más porque su beso me llevó a otra dimensión. No lo quiero ver más porque si con un beso no dejo de escribir páginas enteras, ¿qué sería si hiciéramos el amor?
El amor... es maravilloso.
Y seguiría escribiendo sobre el amor, los amores fatales, los amores platónicos, los amantes, los amoríos, las formas de hacer el amor...
Coro
Algunas definiciones de AMOR del Diccionario de la Real Academia Española:
Amor: Sentimiento que mueve a desear que la realidad amada, otra persona, un grupo humano o alguna cosa, alcance lo que se juzga su bien, a procurar que ese deseo se cumpla y a gozar como bien propio el hecho de saberlo cumplido (...) / Atracción sexual / (...) de mil amores / hacer el amor / por amor a Dios...
entre otros.
Amor entre padres e hijos:
El niño siente que los padres lo quieren simplemente porque es el hijo. Existe lo que diríamos, un amor incondicional.
El amor infantil sigue el principio de:
“Amo porque me aman”.
El amor maduro obedece el principio de:
“Me aman porque amo”.
El amor inmaduro es:
“Te amo porque te necesito”.
El amor maduro:
“Te necesito porque te amo”.
El amor fraternal:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
La Biblia.
El amor fraternal es el amor de todos los seres humanos y se caracteriza sobre todo por su falta de exclusividad. Se basa en la experiencia de que todos somos uno.
El amor al desvalido, al pobre, al inmigrante, es el inicio del amor fraternal. Amar a los de la propia sangre no tiene gran mérito. Teniendo compasión por el desvalido, por tu vecino, el hombre comienza a desarrollar el amor.
El amor erótico:
Podemos definirlo como el anhelo de fusión completa de unirse con otra persona. Es un amor exclusivo, por naturaleza. Se confunde con la experiencia de “enamorarse” y con la pasión que puede surgir entre dos desconocidos que quieren romper las barreras y compenetrarse uno con el otro.
Puede significar la superación de la soledad y el aislamiento.
También podemos encontrar a personas enamoradas que no sienten el amor verdadero...
El amor verdadero es un egoísmo de dos: son dos seres que se identifican mutuamente y que resuelven el problema del aislamiento y soledad.
Para amar a otro, primero has de amarte a ti mismo...
Shakespeare con sus palabras de amor en algunas de sus obras:
Hermia: cuanto más le odio, más me persigue.
Elena: cuanto más le amo, más me aborrece.
"Sueño de una noche de verano."
Valentino: ¿cómo sabes que estoy enamorado?
Presteza: por signos evidentes. Habéis aprendido a retorcer los brazos, como alguien descontento; a entonar canciones de amor, como un petirrojo; a caminar siempre solo, como quien tiene la lepra; a suspirar, como un escolar que ha perdido su abecedario; a sollozar, como una joven que ha enterrado a su abuela; a ayunar, como quien está a dieta; a estar siempre en vilo, como quien teme a un ladrón; a gimotear, como un mendigo el Día de Todos los Santos.
"Los dos caballeros de Verona."
Aún no han bebido cien palabras tuyas mis oídos y ya te conozco.
"Romeo y Julieta."
Sufrir de amor, buena expresión. De verdad sufro de amor, pues os amo contra mi voluntad.
"Mucho ruido y pocas nueces."
Neruda, un poeta enamorado que sentía la noche, las estrellas y el amor mezclados con la nostalgia. Veinte poemas de amor y una canción desesperada:
Quiero escribir los versos más tristes esta noche
Escribir por ejemplo, la noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos...
Otras formas de ver y sentir el amor lo observamos en Charles Boudelaire, el poeta maldito, una estrofa de “El amor y el cráneo”:
El amor está sentado en el cráneo
de la Humanidad
y ríe en este trono el profano
con risa desvergonzada.
Yo creo que quien encuentra el amor, no lo buscaba.
El amor... el AMOR, es traicionero, es rebelde, es obcecado, es obsesivo, es enfermizo, es testarudo, es engreído, es estúpido, es grandioso, es humilde, digno, pedante, petulante... es mucho más. Es energía que te invade y te llena el cuerpo de impulsos nerviosos espontáneos. Te hace ir en una sola dirección. Te somete a su antojo, con pasiones y angustias, con recuerdos y fantasías. El amor es un hechizo, un estado diferente de ver, de sentir, de hablar, de mirar, de respirar. Crees que cuando respiras el aire tiene forma. Crees que cuando caminas andas por el mundo con objetivos, con misiones impuestas y divinas. Crees que cuando sonríes transmites alegría, tu alegría. Crees que cuando sueñas, sólo tú sueñas.
El amor te convierte en ese ser perfecto y loco que te encuentras en las fantasías de los poetas y los románticos.
¿Cuánta gente siente el amor? ¿cuántas veces en una vida se puede sentir el amor? Descubro que lo siento, que me abraza y me dejo llevar, aunque no lo quiera me he de dejar llevar porque si no lo hago, él me lleva contra mi voluntad. El amor es como el nacer, no tiene remedio, ya está aquí.
¿Se puede dar amor? ¿Cómo? Se siente, pero ¿cómo se da el amor? Con obras, palabras, miradas, con comprensión, con escuchas, con bromas ligeras. Se transmite con palabras, con tacto, con hechos.
¿Cómo no confundir el amor con otro sentimiento fugaz como la pasión? No hay diferencia, dure lo que dure, el amor es válido. El amor siempre es verdadero, porque se siente, se experimenta. ¿Un día, un mes, un año, dos, once, toda la vida? Es igual, es amor.
También el AMOR provoca miedos...
Estoy enamorada, creo. Con un miedo terrible a sufrir. No me gustaría llorar y pensar que soy infeliz. No quiero estar esperando por nadie. No quiero suplicar ni pedir nada. Nada. No pedir tiempo. No pedir consuelo. Lástima. No quiero estar enamorada. Era lo que quería, pero estoy aterrorizada.
Me siento llena de incertidumbre, de melancolía. Pienso en él demasiado.
No lo veré más. Es lo mejor, no verlo. Dejarlo. Con sus besos. Que se vaya. Borrarlo de mi vida. Alejarme de su entorno. Esta es mi verdad. Inquieta mi paz. Se mete hondo. Es él. Lo sé. El que esperaba, el que llegaría.
Y al AMOR ¿quién lo entiende?
Lo amo. Lo odio. Lo deseo. Lo rechazo, Lo quiero. Lo alejo. Lo aborrezco. Lo detesto. Lo añoro. Lo ignoro. Lo beso. Lo recuerdo. Lo imito. Lo sueño. Le hablo. Le digo no. Le digo sí. Le aprendo. Le estudio. Le cuento. Le toco. Le beso otra vez en la memoria.
No lo quiero ver más. Es detestable, horroroso, ingrato, infame, seductor, ignorante, erudito, sabio, inteligente, burro, león, oso, pantera, ogro, gato, perro y loro.
No lo quiero ver más porque no sabe que quiero verlo. No lo quiero ver más porque cada vez le querría ver más. No lo quiero ver más porque en las noches pensando en él no duermo. No lo quiero ver más porque es insoportable estar sin él. No lo quiero ver más porque su beso me llevó a otra dimensión. No lo quiero ver más porque si con un beso no dejo de escribir páginas enteras, ¿qué sería si hiciéramos el amor?
El amor... es maravilloso.
Y seguiría escribiendo sobre el amor, los amores fatales, los amores platónicos, los amantes, los amoríos, las formas de hacer el amor...
Coro
lunes, mayo 08, 2006
Talento
Piano en Cancún.
En la Casa de la Cultura de Cancún tuve la fortuna de escuchar a Lewis Warren Jr, un niño de nueve años de edad. ¡Magnífico! ¡Soberbio! En cuanto sus manos infantiles comenzaron a desplazarse por el teclado con aplomo y seguridad la música se escuchó nítida y los sonidos andaban libres por la sala llenándola de fugas, sonatinas, nocturnos, danzas… Handel, Pachelbel, Bach, Kuhlau, Chopin, Schumann y Prokofiev.
Un chamaquito de pantalón negro y camisa blanca con pajarita y mancuernillas lucía elegante esa noche. Una criatura de corta estatura y modales educados. Adornaba su apariencia una sonrisa y mirada inteligente en su rostro. Así lo miraba desde mi asiento… allí, sentado al piano.
-Comenzó a tocar desde los tres años –escuché que alguien dijo.
-Es un “pequeño grande” –afirmó uno de los asistentes.
-Sí, es un genio –concluyó otra persona.
Efectivamente. Ha sido un privilegio para mí haber estado en la sala de conciertos este viernes pasado… y un placer.
¡Gracias, Lewis!
Coro
En la Casa de la Cultura de Cancún tuve la fortuna de escuchar a Lewis Warren Jr, un niño de nueve años de edad. ¡Magnífico! ¡Soberbio! En cuanto sus manos infantiles comenzaron a desplazarse por el teclado con aplomo y seguridad la música se escuchó nítida y los sonidos andaban libres por la sala llenándola de fugas, sonatinas, nocturnos, danzas… Handel, Pachelbel, Bach, Kuhlau, Chopin, Schumann y Prokofiev.
Un chamaquito de pantalón negro y camisa blanca con pajarita y mancuernillas lucía elegante esa noche. Una criatura de corta estatura y modales educados. Adornaba su apariencia una sonrisa y mirada inteligente en su rostro. Así lo miraba desde mi asiento… allí, sentado al piano.
-Comenzó a tocar desde los tres años –escuché que alguien dijo.
-Es un “pequeño grande” –afirmó uno de los asistentes.
-Sí, es un genio –concluyó otra persona.
Efectivamente. Ha sido un privilegio para mí haber estado en la sala de conciertos este viernes pasado… y un placer.
¡Gracias, Lewis!
Coro
martes, abril 11, 2006
@mor en la web
(Fragmento de novela)
Una noche de principios de año estaba en el cine con una amiga. No recuerdo el nombre de la película pero sí que había un gran amor, una pasión que nunca se extinguía. Era una historia en donde quisieras ser la protagonista, y no por lo atractiva que fuera la chica, ni por la herencia que supuestamente había recibido, ni siquiera por la casa antigua y enorme que se había comprado en la Toscana, no, por nada de esto, sino porque cualquiera hubiera querido estar en su pellejo porque había encontrado el AMOR. El que llamamos verdadero. El único. El que deseamos para siempre, aunque muy pocos logremos o creemos lograr. No aquél que ya sabemos dura poco. No ése que se transforma en lo contrario. No el amor universal que se puede tener por todo lo existente. No. El Amor en sus acepciones carnales. El Amor con todas sus consecuencias. Así, recuerdo, había encontrado el amor la chica del filme. Y al director le bastó mostrarnos la mirada con que veía llegar a un hombre para decirnos lo evidente...
Al salir del cine, en esa noche fría de enero, camino a casa por las oscuras calles de mi barrio, pensaba en lo que me hacía falta amar y ser amada... en alguien que me quitara el frío y alumbrara para mí en esa nocturna oscuridad. Quería tener unos brazos estrechándome y... bueno, quería un hombre a mi lado y que nos amáramos en una sintonía perfecta. Pero estaba sola. Había ido al cine con mi amiga y ella también estaba sola... ella deseaba lo mismo que yo. ¿Quién no desea lo mismo? ¿Quién no quiere amar?
¿Dónde iba a encontrar el amor? No me gustaba salir por las noches a bares, ni ir a discotecas. Acudir a espectáculos o comer fuera de casa requería de gastar dinero. Una ida al cine de vez en cuando y mi café diario en el bar donde siempre me ha gustado escribir un rato... esas eran mis salidas. Así nunca podría encontrar el amor que seguramente estaba destinado para mí... y cuando me gustaba alguien que miraba en algún sitio público, mi timidez no me permitía acercarme y si él se acercaba yo sentía que mis respuestas eran incorrectas y lo echaba todo a perder. En el fondo, tenía un complejo: si tomaba alguna iniciativa para acercarme a alguien, me iban a tachar de ligona... qué sé yo qué más cosas pasaban por mi cabeza y...
En fin, que fue cuando descubrí la web del amor, y mi mundo cambió.
Sí, me he enamorado varias veces. No he encontrado todavía el gran AMOR, pero no dudo que llegue en cualquier momento. Sé que me está acechando, que alguien está por llegar y que está a la vuelta de la esquina... lo recibiré con los brazos abiertos y le daré todo lo que yo necesito que me den: AMOR.
Llegué a mi ordenador, ese aparato frío, informático, que no me decía nada... lo puse en marcha, me conecté a internet, tecleé: solteros y entre las webs que aparecieron estaba la web del amor... y allí pulsé.
Sí, a los pocos días ya estaba enamorada. Caí como una buena principiante. Me enamoré de un médico de Palma de Mallorca. Fue tan intenso lo vivido que duró un mes y medio. Como todo al inicio fue la locura, la pasión, el encantamiento, después vino la confianza, la paz, y luego llegó el rompimiento y su fin. Por cierto que nunca llegué a conocer en persona al galeno. Reconozco que todavía siento curiosidad por ver a ese hombre del que estuve virtualmente enamorada y por el que pensaba lo dejaría todo.
Más tarde supe que a ese fenómeno le llaman la cerilla: chispa, fuego muy intenso, se consume rápido y se apaga.
Lo que puedo decir es que las noches de ese enero y parte de febrero ya no fueron tan frías ni estaba tan sola. Al caer la tarde me sentaba frente al ordenador, que ya no veía como a una máquina y aparato frío lleno de fierros y cables. No. Mi ordenador ahora era mi amigo y mi cómplice ya que él me daba la imagen, las letras, la voz de un sentimiento. Allí tenía la cita con mi Amor, sentada cómodamente en mi salón calentado con radiadores eléctricos.
El calorcito, mis cosas, la comodidad de mi casa, la ropa de estar por ahí sin salir, era como tener a mi compañero virtual al lado... y sin el compromiso de esfuerzos de hacerle la cena o de comprar más víveres para la despensa porque no era lo mismo una persona de cuarenta y nueve kilos que uno de ochenta y cuatro, que seguramente comería una barbaridad. ¡Ah!, y el humo de los dos paquetes de cigarrillos negros me decía se fumaba al día...
Era perfecto así. Era cada vez más el hombre perfecto. Mi amante fantasma. Sí, mi amante, mi compañero, mi amigo, mi novio, era todo. Hablaba de él con mis amigas, como si conviviera conmigo todos los días... así estuve hasta que vino la decepción. Lloré, le escribí cartas... y al final, lo olvidé.
He tenido más amores en la web del amor, pero ya no me dejo llevar por el efecto cerilla, voy con más cuidado. Sigo confiando plenamente y además estoy convencida de que un día llegará el definitivo: El AMOR. ¿Será por Internet?
...
Coro
Una noche de principios de año estaba en el cine con una amiga. No recuerdo el nombre de la película pero sí que había un gran amor, una pasión que nunca se extinguía. Era una historia en donde quisieras ser la protagonista, y no por lo atractiva que fuera la chica, ni por la herencia que supuestamente había recibido, ni siquiera por la casa antigua y enorme que se había comprado en la Toscana, no, por nada de esto, sino porque cualquiera hubiera querido estar en su pellejo porque había encontrado el AMOR. El que llamamos verdadero. El único. El que deseamos para siempre, aunque muy pocos logremos o creemos lograr. No aquél que ya sabemos dura poco. No ése que se transforma en lo contrario. No el amor universal que se puede tener por todo lo existente. No. El Amor en sus acepciones carnales. El Amor con todas sus consecuencias. Así, recuerdo, había encontrado el amor la chica del filme. Y al director le bastó mostrarnos la mirada con que veía llegar a un hombre para decirnos lo evidente...
Al salir del cine, en esa noche fría de enero, camino a casa por las oscuras calles de mi barrio, pensaba en lo que me hacía falta amar y ser amada... en alguien que me quitara el frío y alumbrara para mí en esa nocturna oscuridad. Quería tener unos brazos estrechándome y... bueno, quería un hombre a mi lado y que nos amáramos en una sintonía perfecta. Pero estaba sola. Había ido al cine con mi amiga y ella también estaba sola... ella deseaba lo mismo que yo. ¿Quién no desea lo mismo? ¿Quién no quiere amar?
¿Dónde iba a encontrar el amor? No me gustaba salir por las noches a bares, ni ir a discotecas. Acudir a espectáculos o comer fuera de casa requería de gastar dinero. Una ida al cine de vez en cuando y mi café diario en el bar donde siempre me ha gustado escribir un rato... esas eran mis salidas. Así nunca podría encontrar el amor que seguramente estaba destinado para mí... y cuando me gustaba alguien que miraba en algún sitio público, mi timidez no me permitía acercarme y si él se acercaba yo sentía que mis respuestas eran incorrectas y lo echaba todo a perder. En el fondo, tenía un complejo: si tomaba alguna iniciativa para acercarme a alguien, me iban a tachar de ligona... qué sé yo qué más cosas pasaban por mi cabeza y...
En fin, que fue cuando descubrí la web del amor, y mi mundo cambió.
Sí, me he enamorado varias veces. No he encontrado todavía el gran AMOR, pero no dudo que llegue en cualquier momento. Sé que me está acechando, que alguien está por llegar y que está a la vuelta de la esquina... lo recibiré con los brazos abiertos y le daré todo lo que yo necesito que me den: AMOR.
Llegué a mi ordenador, ese aparato frío, informático, que no me decía nada... lo puse en marcha, me conecté a internet, tecleé: solteros y entre las webs que aparecieron estaba la web del amor... y allí pulsé.
Sí, a los pocos días ya estaba enamorada. Caí como una buena principiante. Me enamoré de un médico de Palma de Mallorca. Fue tan intenso lo vivido que duró un mes y medio. Como todo al inicio fue la locura, la pasión, el encantamiento, después vino la confianza, la paz, y luego llegó el rompimiento y su fin. Por cierto que nunca llegué a conocer en persona al galeno. Reconozco que todavía siento curiosidad por ver a ese hombre del que estuve virtualmente enamorada y por el que pensaba lo dejaría todo.
Más tarde supe que a ese fenómeno le llaman la cerilla: chispa, fuego muy intenso, se consume rápido y se apaga.
Lo que puedo decir es que las noches de ese enero y parte de febrero ya no fueron tan frías ni estaba tan sola. Al caer la tarde me sentaba frente al ordenador, que ya no veía como a una máquina y aparato frío lleno de fierros y cables. No. Mi ordenador ahora era mi amigo y mi cómplice ya que él me daba la imagen, las letras, la voz de un sentimiento. Allí tenía la cita con mi Amor, sentada cómodamente en mi salón calentado con radiadores eléctricos.
El calorcito, mis cosas, la comodidad de mi casa, la ropa de estar por ahí sin salir, era como tener a mi compañero virtual al lado... y sin el compromiso de esfuerzos de hacerle la cena o de comprar más víveres para la despensa porque no era lo mismo una persona de cuarenta y nueve kilos que uno de ochenta y cuatro, que seguramente comería una barbaridad. ¡Ah!, y el humo de los dos paquetes de cigarrillos negros me decía se fumaba al día...
Era perfecto así. Era cada vez más el hombre perfecto. Mi amante fantasma. Sí, mi amante, mi compañero, mi amigo, mi novio, era todo. Hablaba de él con mis amigas, como si conviviera conmigo todos los días... así estuve hasta que vino la decepción. Lloré, le escribí cartas... y al final, lo olvidé.
He tenido más amores en la web del amor, pero ya no me dejo llevar por el efecto cerilla, voy con más cuidado. Sigo confiando plenamente y además estoy convencida de que un día llegará el definitivo: El AMOR. ¿Será por Internet?
...
Coro
Tía buena
LA GÜERA
¡Adiós güerita!
Gritaban a mi tía los pelados. Ella movía las caderas para allá y para acá. Tenía grande el culo, (perdón, no es de buena educación decir culo en mi país) y lo sabía menear para gusto y regocijo de algunos hombres del pueblo donde ella moraba y había nacido y donde seguramente terminaría siendo vieja, y al final de su vida, allí los gusanos le devorarían hasta la sombra que un cura habría bendecido. Yo iba encantada con ella a por el pan o las tortillas y me aprendía todititos los gritos que soltaban las calenturientas gargantas masculinas.
¡Guapa!
Ceñido a su cuerpo, marcando curvas blandas que nunca conocieron gimnasios ni participaron en ejercicios aeróbicos que las endurecieran, un vestido floreado de brazos descubiertos, con escote en pico, permitía esconder un canal entre elevadas montañas que formaban un busto puntiagudo y acompasando a las caderas iban de oriente a occidente y de norte a sur. Como agitando bien el envase de la leche matinal. Mi tía, ajena a tanto escrutinio corporal sacudía su melena rubia, y mostraba al aire una blanca dentadura, ostentando entre sus labios una sonrisa maliciosa y una desfachatez atrevida que nadie le conocía en casa. Y, simulando no enterarse de las audaces palabras que le aventaban lujuriosos personajes, aumentaba el meneo rítmico de su cuerpo. Balanceando mi inocente mano que se asía a la suya con mis cinco deditos bien prensados, me hacía partícipe de tanto movimiento erótico que emanaba de su anatomía.
¡Mamacita!
Las piernas, como pilares audaces, ni largas, ni cortas, comenzaban incitantes en un triángulo que se le formaba en el bajo vientre, saliendo belicosas hasta el suelo, moviéndose, redondas, terminando en unos pequeños pies agitadores, de largos dedos acusantes que asomaban coronados y saludables entre los huaraches de piel de buey.
¿A dónde vas?, te acompaño.
Mi tía comulgaba a diario cubriendo su cabeza con un velo dorado de encajes con formas de flores transparentes. Una exquisitez de diseño monjil que purificaba sus facciones que, asomando discretas e inocentes aparecían impresionadas por el sagrado e inmenso recinto. Sólo delataba rebeldía en su figura la picaresca nariz que apuntaba al cielo, aun cuando había que inclinar la cabeza y agachar la mirada para descubrir manchas en el suelo, o sentir pena por Jesús crucificado.
A veces, hincada parecía una estatua.
De sus pequeñas orejas blancas colgaban aretes quintados, con piedras verdes, azules o rojas, según el color del vestido y el sentimiento de su alma. Le conocí unos pendientes negros que le endurecían el rostro y no le permitieron hablar en un invierno de luto paterno, y que le abrieron un torrente de agua salada a los ojos que ya mostraban ríos de venas contenidas. Oscura, con seriedad en su interior, la Güera también era elegante, fría, distante.
Y hermosa.
Su vientre era una protuberancia redonda y sensual partida en dos, justo donde el ombligo mostraba su hueco soplando las margaritas que decoraban el vestido. Cuando mi tía, riéndose con furia, descargaba su alegría en carcajadas, yo miraba el acompañamiento que su estómago tenía con la hilaridad y entonces yo reía y reía y no podía parar de reír. Y miraba su barriga gelatinosa y volvía a reír.
Era tan feliz...
Y era su espalda su fortaleza. Era allí donde sostenía el mundo que iba pisando. Si estaba recta, bien erecta y empinada, ya sabía yo que el paseo iba a ser grosero y brutal, que provocaría insultos galantes de rufianes vulgares de manos toscas, barbas descuidadas y suciedad en los dientes. De machos deliciosos que miraban lujuriantes los encantos que la atrevida de la Güera les paseaba. El culo balanceante, las montañas agitadas, el vientre gelatinoso, los dedos acusantes, la risa, la inocencia provocativa de la tía virgen, inmaculada.
Santa.
Yo de grande quería ser como mi tía... Por eso cuando tuve la edad en que me sentí mayor, me compré un vestido floreado sin mangas, me introduje en él y comprobando que me ceñía la cintura y realzaba los pechos, me lancé a la calle. Me balanceé. Moví toda mi anatomía, enseñé los dientes... y nada. Pero nada.
Respeto.
Ningún piropo. Ninguna estupidez. La rabia, primero; y la cordura, después, paralizaron mis meneos y las flores coloreadas de mi vestido que ondeantes y alegres se agitaban revolucionarias entre los musculosos campos verdes, cesaron su inocente baile.
Al regresar a casa, entre hipos de coraje, me cambié de ropa y me olvidé de querer ser como la Güera.
Coro
¡Adiós güerita!
Gritaban a mi tía los pelados. Ella movía las caderas para allá y para acá. Tenía grande el culo, (perdón, no es de buena educación decir culo en mi país) y lo sabía menear para gusto y regocijo de algunos hombres del pueblo donde ella moraba y había nacido y donde seguramente terminaría siendo vieja, y al final de su vida, allí los gusanos le devorarían hasta la sombra que un cura habría bendecido. Yo iba encantada con ella a por el pan o las tortillas y me aprendía todititos los gritos que soltaban las calenturientas gargantas masculinas.
¡Guapa!
Ceñido a su cuerpo, marcando curvas blandas que nunca conocieron gimnasios ni participaron en ejercicios aeróbicos que las endurecieran, un vestido floreado de brazos descubiertos, con escote en pico, permitía esconder un canal entre elevadas montañas que formaban un busto puntiagudo y acompasando a las caderas iban de oriente a occidente y de norte a sur. Como agitando bien el envase de la leche matinal. Mi tía, ajena a tanto escrutinio corporal sacudía su melena rubia, y mostraba al aire una blanca dentadura, ostentando entre sus labios una sonrisa maliciosa y una desfachatez atrevida que nadie le conocía en casa. Y, simulando no enterarse de las audaces palabras que le aventaban lujuriosos personajes, aumentaba el meneo rítmico de su cuerpo. Balanceando mi inocente mano que se asía a la suya con mis cinco deditos bien prensados, me hacía partícipe de tanto movimiento erótico que emanaba de su anatomía.
¡Mamacita!
Las piernas, como pilares audaces, ni largas, ni cortas, comenzaban incitantes en un triángulo que se le formaba en el bajo vientre, saliendo belicosas hasta el suelo, moviéndose, redondas, terminando en unos pequeños pies agitadores, de largos dedos acusantes que asomaban coronados y saludables entre los huaraches de piel de buey.
¿A dónde vas?, te acompaño.
Mi tía comulgaba a diario cubriendo su cabeza con un velo dorado de encajes con formas de flores transparentes. Una exquisitez de diseño monjil que purificaba sus facciones que, asomando discretas e inocentes aparecían impresionadas por el sagrado e inmenso recinto. Sólo delataba rebeldía en su figura la picaresca nariz que apuntaba al cielo, aun cuando había que inclinar la cabeza y agachar la mirada para descubrir manchas en el suelo, o sentir pena por Jesús crucificado.
A veces, hincada parecía una estatua.
De sus pequeñas orejas blancas colgaban aretes quintados, con piedras verdes, azules o rojas, según el color del vestido y el sentimiento de su alma. Le conocí unos pendientes negros que le endurecían el rostro y no le permitieron hablar en un invierno de luto paterno, y que le abrieron un torrente de agua salada a los ojos que ya mostraban ríos de venas contenidas. Oscura, con seriedad en su interior, la Güera también era elegante, fría, distante.
Y hermosa.
Su vientre era una protuberancia redonda y sensual partida en dos, justo donde el ombligo mostraba su hueco soplando las margaritas que decoraban el vestido. Cuando mi tía, riéndose con furia, descargaba su alegría en carcajadas, yo miraba el acompañamiento que su estómago tenía con la hilaridad y entonces yo reía y reía y no podía parar de reír. Y miraba su barriga gelatinosa y volvía a reír.
Era tan feliz...
Y era su espalda su fortaleza. Era allí donde sostenía el mundo que iba pisando. Si estaba recta, bien erecta y empinada, ya sabía yo que el paseo iba a ser grosero y brutal, que provocaría insultos galantes de rufianes vulgares de manos toscas, barbas descuidadas y suciedad en los dientes. De machos deliciosos que miraban lujuriantes los encantos que la atrevida de la Güera les paseaba. El culo balanceante, las montañas agitadas, el vientre gelatinoso, los dedos acusantes, la risa, la inocencia provocativa de la tía virgen, inmaculada.
Santa.
Yo de grande quería ser como mi tía... Por eso cuando tuve la edad en que me sentí mayor, me compré un vestido floreado sin mangas, me introduje en él y comprobando que me ceñía la cintura y realzaba los pechos, me lancé a la calle. Me balanceé. Moví toda mi anatomía, enseñé los dientes... y nada. Pero nada.
Respeto.
Ningún piropo. Ninguna estupidez. La rabia, primero; y la cordura, después, paralizaron mis meneos y las flores coloreadas de mi vestido que ondeantes y alegres se agitaban revolucionarias entre los musculosos campos verdes, cesaron su inocente baile.
Al regresar a casa, entre hipos de coraje, me cambié de ropa y me olvidé de querer ser como la Güera.
Coro
Entre notas
Domingo musical
En el Auditorio. La Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña
Lleno. Lleno de gente... Programa. Alberto Ginastera Glosses sobre temas de Pau Casals. Robert Schumann Concert per a piano i orquestra en la menor, op. 54. Franz Schubert Obertura Rosamunda D.644. Astor Piazzolla Tangazo...
Sin piano, con piano, sin piano con el piano presente... en el Centro. La orquesta, los aplausos. Aparece la pianista, el director. Más aplausos. Las teclas, los dedos, las manos, la melodía, los violines, las violas, el cello, el piano, el escenario y tú. Las flautas, las trompas, los clarinetes, y tú, de nuevo, tú. El piano, los acordes, el director, la batuta, mi boli y tú.
El contrabajo, do re mi, la sol fa, sostenidos, aire, viento, cuerdas, teclas. Agudos, graves, sonoros, altos, bajos, fuertes, delgados y tú. La gente, las cabezas, el silencio, la música, la apoteosis. La marcha, diminuendo, el allegro, ma non troppo, y tú. La batuta y tú, tú, tú...
Las trompetas, los trombones, el saxo, los primeros violines, los timbales, el oboe. La pianista, sus manos calientes, las tuyas frías. El negro de los vestidos, el claro del auditorio, la madera, los asientos, la acústica. Schumann, Schubert, Piazzolla, Ginastera, Casals. Las luces, la penumbra. In crescendo, la furia, el enojo, el teclado, los violines, la réplica. La discusión, la calma, el acuerdo, el llanto de un niño: ¡A callar! De nuevo el piano, el trombón en acelere, la discusión, la discordia. Las notas, las palabras, el silencio, lenguaje escondido. Tú.
Los brillos de los instrumentos, el blanco y el negro. Palomas volando. La respiración, ronquidos cercanos. El arpa, suave... lenta, amor, caricias. Escondido asoma, poco a poco, piano a piano. ¡Ahora!... se descubre. El director, controla, dirige. ¿Estás aquí?, me gustaría... ¿Estás entre la gente que escucha, que siente? La flauta de pan y el clavicordio, no están. Las percusiones tampoco, se han ido. Como tú.
El piano pide, los demás dan. Los demás dicen, el piano responde. Si tú estuvieras... ¿sería igual? en el intermedio... No, no eras, y de haberlo sido, preferiría que no lo fueras... Quiero hablarte en silencio, llenarte de letras.
La pasión del director, la entrega. Se da. Entero. ¿Dónde estás? Tu figura, busco tu figura. La apoteosis, todos a la vez, estruendo, final: tú. La emoción, el llanto, la risa, tú. La calma. ¡Bravo! ¡Bravo! Los aplausos. Más aplausos. Muchos aplausos. No se acaban los aplausos. La gente aplaudiendo por todos lados, en los asientos, de pie, sentados. Los músicos de la orquesta se paran. El director, sale, entra, sale. Los aplausos más fuertes. Vuelve a salir. Más aplausos. Muchos, muchos aplausos. La pianista sale, las flores, entra, vuelve a salir. Más aplausos. Un bis. Me duelen las manos. Interminables palmadas dolorosas. Tú.
Un Solo de piano. Mi corazón emocionado, mis sentidos alertas. ¡Bravo! Más aplausos al final... tendrías que escucharlo, que verlo. Los aplausos en desorden, en orden, te extraño. El canto de las manos, de las tuyas. El lamento frío de tus dedos. Los aplausos cada vez más sonoros y fuertes. Como si te encontrara, aplaudo fuerte. El director no eres tú. De nuevo la música, la batuta... Su pelo, su figura delgada, como tú. Sus manos volando.
El ritmo acelerado. Allegro troppo vivace. Andante. Las percusiones, el viento entre las cuerdas...
Disminuye. Tristeza, acordes melancólicos. Nocturno. Noche. Oscuridad. El dolor. El pensamiento va a ti. ¿A dónde te has ido? Crescendo. Aumento. Grito. Clamor... Silencio.
La levita elegante. La resolución del conflicto. Los violines, los saxos, las trompetas, las flautas. Las manos palomas de paz. La paz. En paz. ¿Dónde estás?
Aplausos, más, más aplausos...
Coro
En el Auditorio. La Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña
Lleno. Lleno de gente... Programa. Alberto Ginastera Glosses sobre temas de Pau Casals. Robert Schumann Concert per a piano i orquestra en la menor, op. 54. Franz Schubert Obertura Rosamunda D.644. Astor Piazzolla Tangazo...
Sin piano, con piano, sin piano con el piano presente... en el Centro. La orquesta, los aplausos. Aparece la pianista, el director. Más aplausos. Las teclas, los dedos, las manos, la melodía, los violines, las violas, el cello, el piano, el escenario y tú. Las flautas, las trompas, los clarinetes, y tú, de nuevo, tú. El piano, los acordes, el director, la batuta, mi boli y tú.
El contrabajo, do re mi, la sol fa, sostenidos, aire, viento, cuerdas, teclas. Agudos, graves, sonoros, altos, bajos, fuertes, delgados y tú. La gente, las cabezas, el silencio, la música, la apoteosis. La marcha, diminuendo, el allegro, ma non troppo, y tú. La batuta y tú, tú, tú...
Las trompetas, los trombones, el saxo, los primeros violines, los timbales, el oboe. La pianista, sus manos calientes, las tuyas frías. El negro de los vestidos, el claro del auditorio, la madera, los asientos, la acústica. Schumann, Schubert, Piazzolla, Ginastera, Casals. Las luces, la penumbra. In crescendo, la furia, el enojo, el teclado, los violines, la réplica. La discusión, la calma, el acuerdo, el llanto de un niño: ¡A callar! De nuevo el piano, el trombón en acelere, la discusión, la discordia. Las notas, las palabras, el silencio, lenguaje escondido. Tú.
Los brillos de los instrumentos, el blanco y el negro. Palomas volando. La respiración, ronquidos cercanos. El arpa, suave... lenta, amor, caricias. Escondido asoma, poco a poco, piano a piano. ¡Ahora!... se descubre. El director, controla, dirige. ¿Estás aquí?, me gustaría... ¿Estás entre la gente que escucha, que siente? La flauta de pan y el clavicordio, no están. Las percusiones tampoco, se han ido. Como tú.
El piano pide, los demás dan. Los demás dicen, el piano responde. Si tú estuvieras... ¿sería igual? en el intermedio... No, no eras, y de haberlo sido, preferiría que no lo fueras... Quiero hablarte en silencio, llenarte de letras.
La pasión del director, la entrega. Se da. Entero. ¿Dónde estás? Tu figura, busco tu figura. La apoteosis, todos a la vez, estruendo, final: tú. La emoción, el llanto, la risa, tú. La calma. ¡Bravo! ¡Bravo! Los aplausos. Más aplausos. Muchos aplausos. No se acaban los aplausos. La gente aplaudiendo por todos lados, en los asientos, de pie, sentados. Los músicos de la orquesta se paran. El director, sale, entra, sale. Los aplausos más fuertes. Vuelve a salir. Más aplausos. Muchos, muchos aplausos. La pianista sale, las flores, entra, vuelve a salir. Más aplausos. Un bis. Me duelen las manos. Interminables palmadas dolorosas. Tú.
Un Solo de piano. Mi corazón emocionado, mis sentidos alertas. ¡Bravo! Más aplausos al final... tendrías que escucharlo, que verlo. Los aplausos en desorden, en orden, te extraño. El canto de las manos, de las tuyas. El lamento frío de tus dedos. Los aplausos cada vez más sonoros y fuertes. Como si te encontrara, aplaudo fuerte. El director no eres tú. De nuevo la música, la batuta... Su pelo, su figura delgada, como tú. Sus manos volando.
El ritmo acelerado. Allegro troppo vivace. Andante. Las percusiones, el viento entre las cuerdas...
Disminuye. Tristeza, acordes melancólicos. Nocturno. Noche. Oscuridad. El dolor. El pensamiento va a ti. ¿A dónde te has ido? Crescendo. Aumento. Grito. Clamor... Silencio.
La levita elegante. La resolución del conflicto. Los violines, los saxos, las trompetas, las flautas. Las manos palomas de paz. La paz. En paz. ¿Dónde estás?
Aplausos, más, más aplausos...
Coro
lunes, abril 10, 2006
De Meteorología
Mis amigas y algunas coincidencias
Invaden mi casa la señora Fantasiosa, doña Guasa y la señorita Histeria. Qué coincidencia, vienen siempre juntas... Nadie las invita, aparecen de repente, y con descaro se meten en todo. A ratos desvergonzadas y traviesas, parlotean alto y pasan de la risa al llanto con facilidad. Me sorprenden, y alegran a la vez. Al principio sólo miro cómo Fantasiosa juega con Histeria y ambas se desbordan con la Guasa.
Luego río con ellas, salgo de mi mutismo, disfruto. Me llevan de viaje, me orillan a burlarme de la vida, del amor.
De los placeres.
Fantasiosa me dice que andar por el mundo es volar sin rumbo... Histeria me avienta y vuelo alto y rápido y lejos. Con inocencia.
Sin mesura.
Incondicionales, me quieren y por eso me gustan y las tolero... aunque me controlen y zangoloteen entera. Me satisface el fulgor perverso de esos ojos misteriosos y conocidos que se pintan en mi espejo con chispazos de encanto.
Polimorfo.
Conocen mis secretos y los cantan cual sirenas seductoras... Tiempo después, están invadidos hasta los rincones y escondites. No sé dónde guarecerme. Han crecido, se han vuelto enormes. Las miro gigantes, alimentándose de mi comida, vacían mi despensa. Perfuman, cantan, lloran. Desordenadas y anarquistas.
Me roban el sueño.
Una semana de tolerar las imprudentes visitas es suficiente. ¿Qué las trae? ¿de dónde han venido? ¿por qué aparecen? Tal vez la Luna, quizás las Mareas, las Estaciones... o es probable que todos los fenómenos juntos...
Me atormentan.
Pero una vez gigantes, y adueñadas de mis pertenencias, comienzan a perder la risa. Una mueca dibuja sus rostros y un vacío siniestro se extiende en el aire.
Temerosas y decadentes, las observo: van perdiendo estatura y se encogen. Van quedando más espacios silenciosos donde hubo estridencia.
Recobro sitios.
Y ellas, sin saber cómo actuar, atisban por los visillos. Mudas, miran por el sendero de casa acercarse a Soledad, a Santa Pena y a tía Tristeza. Observan con espanto sus pasos enlutados y cómo van creciendo sus sombras...
Descubro en mí pensamientos de alivio al ver cómo se esfuman.
«Adiós», les digo.
Y juro, ante la mirada ya sin fulgor que me devuelve la luna, estar preparada para recibirlas la próxima vez: sacar provecho de Fantasiosa, perfumarme un poco de Histeria y disfrutar jugando a ratos con la Guasa. Sé que volverán...
Hemos crecido juntas.
Las sombrías y enlutadas, como si alguien les avisara, llegan dispuestas a ordenar. Y, aunque tampoco fueron invitadas, también se acomodan alegando que vienen a reparar los desastres encontrados.
Reflexionan y hablan en el sofá, en la mesa, en la cocina, en el baño, en mi habitación... El reflejo en el cristal me devuelve miradas profundas y opacas mientras ellas discuten.
Me involucran.
Soledad con su llanto siente Pena y Culpa el caos de casa a la frivolidad pasada. Me preguntan, me cuestionan. «Yo qué sé», contesto. Las escucho y observo...
Cuánto análisis.
Después, también vacían mi nevera, igualmente se alimentan de mis provisiones hasta agotarlas. Dejan los platos sin lavar, las camas sin hacer, los papeles en desorden y crecen hasta casi dejarme sin espacio para respirar. Allí, perezosas y sin parar de argumentar. Gigantes. Agobiantes...
Me agotan.
Qué bien que duran poco tiempo. Suerte que también asoman la nariz a las ventanas. Y se esfuman al ver acercarse a esas otras amigas. «Las que conviene tener cerca más a menudo», diría mi madre. Esas visitas que ya deseas y que con gusto convidarías: Mis queridas Cordura, Paz y Serenidad.
«¡Uf!, qué alivio», pienso.
Ojalá no me abandonaran nunca. Que no me dejaran. «Qué bien que han llegado. Bienvenidas», les digo, y abro anchas las puertas de mi casa.
Consumen víveres pero también surten la nevera, limpian, hacen las camas, lavan ropa, hablan, ríen, callan, entran, salen. Son correctas. Son perfectas. Son orgullosas y humildes.
Son encantadoramente odiosas.
Al cabo del tiempo también las quiero echar. Me sofoca tanto orden, me desesperan con tanta mesura, y mi anhelo más profundo es salir de la corrección y la sobriedad. Y apenas me entero cuando ya se han ido.
Sin mirar por los visillos.
Son tan ecuánimes que ni crecen. Tan discretas que sólo susurran monosílabos. No molestan y en su presencia es cuando mejor duermo. No opinan...
Si no es necesario.
Y, de pronto, descubro en mis aposentos a la vecina Aburrida. Esa que se cuela en cualquier descuido al abrir la puerta. Viene con la Rutina y la Costumbre. No hay manera de evadirlas, se sitúan y disponen de mi morada... unos días. Consumen poco, casi no beben, pero están allí, invadiendo mi espacio.
Me habitúo.
Estorban sí, pero... hacen compañía, de alguna manera. Miran todo, huelen las cosas, otras veces no ven nada. No ríen, casi no hablan, no cantan, no lloran, no sienten, ni discuten, no leen, sólo miran la tele aunque esté apagada. Con ellas todo es igual: gris, monótono, poco agradable. Apáticas. Sin incentivos.
Sin más...
Mientras tanto se desatan las fuerzas ocultas, allá en el Cielo infinito cargado de nubes. La Luna vuelve a llenarse. En el Mar las mareas suben y bajan, llevan y traen.
Y la Tierra girando sin parar.
Provocando Estaciones, despertando los sentidos... y atraídas por la gravedad que ejercen estas fuerzas supremas, escucho muy de cerca... de nuevo en mi sofá los cantos de sirenas...
Lo inevitable:
«Ya las extrañaba», les digo.
Coro
Invaden mi casa la señora Fantasiosa, doña Guasa y la señorita Histeria. Qué coincidencia, vienen siempre juntas... Nadie las invita, aparecen de repente, y con descaro se meten en todo. A ratos desvergonzadas y traviesas, parlotean alto y pasan de la risa al llanto con facilidad. Me sorprenden, y alegran a la vez. Al principio sólo miro cómo Fantasiosa juega con Histeria y ambas se desbordan con la Guasa.
Luego río con ellas, salgo de mi mutismo, disfruto. Me llevan de viaje, me orillan a burlarme de la vida, del amor.
De los placeres.
Fantasiosa me dice que andar por el mundo es volar sin rumbo... Histeria me avienta y vuelo alto y rápido y lejos. Con inocencia.
Sin mesura.
Incondicionales, me quieren y por eso me gustan y las tolero... aunque me controlen y zangoloteen entera. Me satisface el fulgor perverso de esos ojos misteriosos y conocidos que se pintan en mi espejo con chispazos de encanto.
Polimorfo.
Conocen mis secretos y los cantan cual sirenas seductoras... Tiempo después, están invadidos hasta los rincones y escondites. No sé dónde guarecerme. Han crecido, se han vuelto enormes. Las miro gigantes, alimentándose de mi comida, vacían mi despensa. Perfuman, cantan, lloran. Desordenadas y anarquistas.
Me roban el sueño.
Una semana de tolerar las imprudentes visitas es suficiente. ¿Qué las trae? ¿de dónde han venido? ¿por qué aparecen? Tal vez la Luna, quizás las Mareas, las Estaciones... o es probable que todos los fenómenos juntos...
Me atormentan.
Pero una vez gigantes, y adueñadas de mis pertenencias, comienzan a perder la risa. Una mueca dibuja sus rostros y un vacío siniestro se extiende en el aire.
Temerosas y decadentes, las observo: van perdiendo estatura y se encogen. Van quedando más espacios silenciosos donde hubo estridencia.
Recobro sitios.
Y ellas, sin saber cómo actuar, atisban por los visillos. Mudas, miran por el sendero de casa acercarse a Soledad, a Santa Pena y a tía Tristeza. Observan con espanto sus pasos enlutados y cómo van creciendo sus sombras...
Descubro en mí pensamientos de alivio al ver cómo se esfuman.
«Adiós», les digo.
Y juro, ante la mirada ya sin fulgor que me devuelve la luna, estar preparada para recibirlas la próxima vez: sacar provecho de Fantasiosa, perfumarme un poco de Histeria y disfrutar jugando a ratos con la Guasa. Sé que volverán...
Hemos crecido juntas.
Las sombrías y enlutadas, como si alguien les avisara, llegan dispuestas a ordenar. Y, aunque tampoco fueron invitadas, también se acomodan alegando que vienen a reparar los desastres encontrados.
Reflexionan y hablan en el sofá, en la mesa, en la cocina, en el baño, en mi habitación... El reflejo en el cristal me devuelve miradas profundas y opacas mientras ellas discuten.
Me involucran.
Soledad con su llanto siente Pena y Culpa el caos de casa a la frivolidad pasada. Me preguntan, me cuestionan. «Yo qué sé», contesto. Las escucho y observo...
Cuánto análisis.
Después, también vacían mi nevera, igualmente se alimentan de mis provisiones hasta agotarlas. Dejan los platos sin lavar, las camas sin hacer, los papeles en desorden y crecen hasta casi dejarme sin espacio para respirar. Allí, perezosas y sin parar de argumentar. Gigantes. Agobiantes...
Me agotan.
Qué bien que duran poco tiempo. Suerte que también asoman la nariz a las ventanas. Y se esfuman al ver acercarse a esas otras amigas. «Las que conviene tener cerca más a menudo», diría mi madre. Esas visitas que ya deseas y que con gusto convidarías: Mis queridas Cordura, Paz y Serenidad.
«¡Uf!, qué alivio», pienso.
Ojalá no me abandonaran nunca. Que no me dejaran. «Qué bien que han llegado. Bienvenidas», les digo, y abro anchas las puertas de mi casa.
Consumen víveres pero también surten la nevera, limpian, hacen las camas, lavan ropa, hablan, ríen, callan, entran, salen. Son correctas. Son perfectas. Son orgullosas y humildes.
Son encantadoramente odiosas.
Al cabo del tiempo también las quiero echar. Me sofoca tanto orden, me desesperan con tanta mesura, y mi anhelo más profundo es salir de la corrección y la sobriedad. Y apenas me entero cuando ya se han ido.
Sin mirar por los visillos.
Son tan ecuánimes que ni crecen. Tan discretas que sólo susurran monosílabos. No molestan y en su presencia es cuando mejor duermo. No opinan...
Si no es necesario.
Y, de pronto, descubro en mis aposentos a la vecina Aburrida. Esa que se cuela en cualquier descuido al abrir la puerta. Viene con la Rutina y la Costumbre. No hay manera de evadirlas, se sitúan y disponen de mi morada... unos días. Consumen poco, casi no beben, pero están allí, invadiendo mi espacio.
Me habitúo.
Estorban sí, pero... hacen compañía, de alguna manera. Miran todo, huelen las cosas, otras veces no ven nada. No ríen, casi no hablan, no cantan, no lloran, no sienten, ni discuten, no leen, sólo miran la tele aunque esté apagada. Con ellas todo es igual: gris, monótono, poco agradable. Apáticas. Sin incentivos.
Sin más...
Mientras tanto se desatan las fuerzas ocultas, allá en el Cielo infinito cargado de nubes. La Luna vuelve a llenarse. En el Mar las mareas suben y bajan, llevan y traen.
Y la Tierra girando sin parar.
Provocando Estaciones, despertando los sentidos... y atraídas por la gravedad que ejercen estas fuerzas supremas, escucho muy de cerca... de nuevo en mi sofá los cantos de sirenas...
Lo inevitable:
«Ya las extrañaba», les digo.
Coro
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