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viernes, diciembre 21, 2007

La imaginación

Cuando la medicina y la magia se mezclan con la debida porción de fe y esperanza resultan los ¡milagros! No sirve a los escépticos.

En la antigua Grecia, si un hombre recuperaba su virilidad ¡era un milagro!... ese hombre había comido excremento de ratón.

Una creencia de los montañeses ilardenses: comer cebolla aumenta el deseo pues actúa directamente sobre los genitales, produce más esperma, ofusca la razón y nubla el entendimiento… ¡Ahhh!

En la Edad Media, los testículos del gallo untados en las partes sexuales eran los mejores excitantes. Kikirikíiiiiii.

Hipócrates, siglo V a de C., decía: los que montan a caballo tienen el deseo disminuido.
Aristóteles opinaba lo contrario.

Ingerir por la noche una taza de anís es recomendable.
Comer nueces y frutos secos, chocolate. Una copita de vino, cena ligera, música suave…

En el mundo moderno hay otros aspectos que antiguamente no estaban contemplados, los visuales: un video, películas, revistas… espiar a la(el) vecin@.

Pero creo que la imaginación es lo mejor, me lo dijo mi analista:
“La mente es el mejor afrodisíaco que puede haber”.

¿Tú qué opinas?

Errata:
Donde dice ilardenses, debe decir:
ilerdenses.
(Gracias T.T.) ;)

miércoles, diciembre 19, 2007

Aquí estamos

¡De vacaciones!,
pero como verán, no paro.

"Estamos aburridos, queremos vivir, resolver nuestras cosas", me dicen.

-La chica quiere descubra a su asesino para poder descansar en paz. (La dejé allí, bajo el agua caribeña, los peces comenzaron a mordisquearla, ya perdió un ojo).
Hay un perro, clave en la historia…

-Una señora se mira en todos los espejos y nos cuenta sus secretos.
(Piensa que atrae a ese jovencito que la mira, que la está mirando… sesentona patética y tierna que termina riéndose de sus miserias).

-La amazona que se disfraza y gana a todos en el póquer, menos al atrevido aventurero que anda liado con su hermana…
(Defensora de los pobres, peleonera y guapísima aunque no se siente hermosa, ¿pasará algo entre ella y el amigo de su hermana?).
Y la pareja de enamorados durante la guerra de castas.
(De familias enemigas, no saben si llegarán a consumar su amor. Se quedaron besándose en la selva, en una la noche fresca a punto de… cuando entonces…).

-Isla Mujeres, barco, un pirata (con parche en el ojo), la chica linda, la bruja mala y el muchacho que ¿la salvará? O, ¿quién salvará a quién?
El tesoro lo tendrá quien resuelva el enigma que se… (La historia se detuvo cuando a la chica linda la secuestró la bruja mala por orden del pirata, mientras el muchacho está luchando por...).
También hay un loro, jajaja.

Y mis personajes me gritan y reclaman:
“¡Ey, tú, autora! ¿Qué te crees? ¿Ya, no?
Estamos aquí porque tú nos trajiste. Nadie te pidió que nos crearas, ahora ¡escribe algo!”

No sé, no sé.
¿Qué hago? ¿Mato a todos?
Y me dedico a pintar, a estudiar chino, o kárate…

¡Felices fiestas!

PD.
1. Ya compré la Nochebuena ;)
2. El pirata está muy bueno.

sábado, diciembre 01, 2007

Con diamantina

El sábado por la tarde fui de compras con mi hermano. Llevaba la idea de escoger una Nochebuena que supliera mi planta virtual ;)
Estaba todo al cincuenta por ciento de descuento en ese almacén de la familia de los “…depot”.
Estacionamiento lleno, coches por doquier, doble fila, sonando los cláxones, colapso…

Desde la entrada vi al gentío arrebatándose objetos.
Y prontito mi hermano con entusiasmo:
“Mira, el nutripasto fertilizante está a 11 pesos… ¡y el nutriflor de 1 kilogramo a 16!”.
No era mala idea, mi planta virtual no necesitaba fertilizantes, sin embargo la Nochebuena…
De pronto escuché: “¡Auxilio!” y vi a lo lejos personas empujándose por el pasillo de las lámparas.

Mi hermano seguía echando artículos en su carrito:
“Qué te parece esta hidrolavadora a 760.00 fácil de empotrar e incluye accesorios”.
“Buenísima”, le contesté. “¿Y este atornillador inalámbrico?”, le pregunté.
“Fabuloso”, me dijo.
¡Era inalámbrico!, y costaba 82.50… También metí en el carrito el kit de navajas de doscientos pesos.

Estaban liquidando la tienda y los descuentos no se podían despreciar.
El carrito de mi hermano rebozaba de cosas. En una mano traía un rociador profesional de mochila 4 galones. Me sonrió:
“Vale 444 con cincuenta”, dijo señalándome su derecha, en la izquierda llevaba un cepillo Palmira bulldozer de 145.

Miré los artículos puestos en mi carro: Una aspiradora para agua y polvo de 6 galones, seco/mojado a $560. Bueno, servirá para darle vacaciones a la que tengo… en eso estaba divagando cuando me pregunta mi hermano:
“¿No quieres este disco para sierra circular?”.
Lo dudé antes de decir: NO, y de inmediato alguien se lo llevó.

Me detuve, era importantísimo estudiar la posibilidad de elegir una manguera bicapa ner que costaba 295, ¡roja!, preciosa. O llevar una “dremel 16” naranja scroll saw 1680-11, no sabía lo que era pero tenía unos dibujos de figuritas muy lindos. Y quedaban dos.

¡Qué decepción!, ya estaba vendido ese tocador color calabaza que costaba 680 pesos. Pero la campana satinada a 155 podría servir para reponer la de la cocina.
Y que echo al carro la escoba cepillo de 100, el paño para auto con abrillantador, la cinta para tina, baño y regadera de nomás 73 y no debía faltarme ¡el taladro martillo de tres octavos!, que tenía el precio ridículo de 176 pesos.

¡Aguarrás!, siempre necesario, ¿no? Y los botes de pinturas, con lo que me gustan los colores.
“Nadie puede mejorar nuestros precios. Garantizado” decía un letrero.
Que agarro rápidamente una grabadora reproductora de casetes, CD y MP3 a sólo 397 pesos… y ¡ah!, la tele de 21” Sharp que costaba 775, que la echo al carrito…
La gente empujaba. “Disculpas”, decían y se llevaban las cosas que yo miraba (aprendí de inmediato a disimular mi interés).
A lo lejos apenas distinguí a mi hermano.
“Me llevo todos los ventiladores que quedan” escuché que decía.
Fue cuando me topé con el Windex desengrasante a 22 y un Turbo doble de aspas en 231… ¡Ay!, el último del estante.
“¡Es mío!”, dije.

Cuando hacía cola en las cajas registradoras me enamoré de esas esferas naranjadas con diamantina, a lado del ¡Flexómetro!, que estaba a cuarenta y uno con cincuenta…
Y cuando llegu
é a casa descubrí que me olvidé de comprar
¡la Nochebuena!

martes, noviembre 20, 2007

Regándola

No sabía de qué escribir y me senté a teclear…
Surgió primero el tema del amor. Tecleé, tecleé, después entré a Wikipedia a ver qué decía. No, del amor no, pensé, y borré todo lo que había escrito.
Luego, regué mi planta virtual, ya le salió otro retoñito, está linda.
La primera que tuve la ahogué. La regué muy seguido, floreció y ¡zaz!, muerta prontito. Me sentí extraña, me dio tristeza, en serio.
Dejé la planta virtual, escribir sobre una cosa que no existe más que en mi computadora no sería conveniente, como quien dice, “me corté”, pensé en lo que pensarían ustedes, los amables visitantes de este blog y dije: NO.
Luego, me distraje acordándome de mi trabajo… mañana en uno de los colegios tengo la comida del “Día de Acción de Gracias”, es un cole americano… y lo mejor de todo es que el jueves no habrá clases.
Entonces miré mi mesa de trabajo y ¡ay, Nanita! vi la pila de ensayos que tengo que leer, calificar exámenes, redactar unos textos, pasar calificaciones,
y… volví a regar mi planta. Está linda. ;)

sábado, noviembre 17, 2007

Las recomendaciones

Hola, he estado muchos días sin escribir nada, nada...
Crisis creativa.
Sin embargo, creo que ya pasó, porque hoy, mirándome en el espejo, pensé en escribir acerca de esas enemigas inevitables: las arrugas.
Y que voy y compro una crema fabulosa que casi casi hace milagros, jajaja.
Lavo la cara, me la pongo, y de pronto noto el cambiazo, en serio.
Y bueno, la inversión ha valido la pena.
Me siento mejor ;)

Aunque un poco mal también, :( al leer a
Sor Juana:
"... sólo intento poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas ..."


Pero, lo mejor de todo es que se me ocurrieron otros temas para escribir.
¡Así que andaré de nuevo por aquí!


Y, tú ¿como Sor Juana?
O...
¿Me podrías recomendar alguna crema?

Saludos

lunes, octubre 01, 2007

Escritor@s

"Un poema nunca está acabado,
solamente abandonado".
Paul Valéry, poeta y escritor francés.

"El escritor es la chica del bar y el amante de la chica del bar, el gángster y el policía, el homosexual y el fascista, el marxista y el heterosexual, la víctima y el asesino.
El asesino de mi novela es el escritor. Es decir, yo. Y si no soy detenido en las horas que siguen a esta revelación es que ya no puedes fiarte ni de la literatura".
Manuel Vázquez Montalbán, escritor y periodista español.

"Hay dos clases de escritores geniales: los que piensan y los que hacen pensar".
Joseph Roux, moralista y literato francés.

"Pueden impedirte ser un autor publicado, pero nadie puede impedirte ser un escritor, o incluso ser mejor escritor cada día. Todo lo que tienes que hacer para ser un escritor es ¡escribir!".
Khaterine Neville, escritora estadounidense.

"Aunque soy hombre de letras, no debéis suponer que no he intentado ganarme la vida honradamente".
George Bernard Shaw, dramaturgo irlandés.

"Y… si he escrito esta carta tan larga, ha sido porque no he tenido tiempo de hacerla más corta".
Blas Pascal, científico, filósofo y escritor francés.

sábado, septiembre 29, 2007

Voló

Una noche que lo dejé libre para que volara en la sala… fue al segundo nivel de la casa.
Llegó a la terraza que estaba abierta. Allí se detuvo unos minutos…

Me miraba. Después miraba al cielo.
Parecía que pensara.
Volvió a mirarme un par de veces, y al cielo igualmente…

No hizo caso de mis súplicas:
“¡Regresa, Nanu! ¡No te vayas Pajarito, te rascaré los piojitos más seguido!¡Ven y dame la pata! ¡Te dejaré libre más tiempo por casa!
¡Quédate! ¡Te prometo que!…”

Fue inútil. Canté todas las canciones, bailé, hice de todo lo que suponía a él le gustaba… le enseñé el espejito, le soné los cascabeles, le silbé las mentadas, le recordé momentos agradables… pero él ya estaba decidido.

Nunca lo había visto tan grande y tan hermoso como lo vi esa noche en que se fue.

Extendió sus alas y al momento que comenzaba su vuelo, gritó mi nombre.
¡Juaaanaaaaaaa!
Miré cómo se iba.

Al poco tiempo yo también me fui.
Y la ventana de los geranios se cerró.

Colorín colorado, este cuento se ha terminado.

martes, septiembre 25, 2007

Colomitos inolvidables

Nanu me observaba atento. Callado. Mirando. Conociéndome. Desde su lugar, allí, un poco más alto que yo.
Me arrancaba contándole "Esta mañana me pasó… y luego vinieron y fuimos a comer y seguían en… y no me gustó la del… y entonces él me…" Podía decirle todo, absolutamente todo lo que me viniera en gana. Le confesé mis fantasías, mis deseos… él sabía toditos mis secretos.
¡Ay!, qué no le dije al Nanu…

A veces cuando regresaba de la calle contenta por algo, el Nanu nomás verme llegar, intuía que iba a haber cantos y bailes y Nat King Cole a todo volumen "Chiquita, que lindo tu cuerpecito… ay merecumbé pa’ bailaaaa". Ya sabía que "Guadalajaaaaarra… son colomitos inolvidables…" estaría presente. Y carcajadas y Nanu sería recompensado: podría volar más rato del acostumbrado y comería cacahuates de premio.

Las ganas que tenía de darle besos y abrazos y que me hiciera carantoñas él a mí. Confiaba en que llegaría el día en que iba a poder acariciarlo a mis anchas. Extenderle sus alas, hacerle cosquillas… Requería de más entrenamiento, paciencia y tiempo. Pero iba por buen camino, ya podía rascarle la barriguita, espulgarle el piojito y el típico "dame la pata" que aprendió a pedirme.
Y habían pasado algunos años…

Hubo días tristes también… días en que el llanto estuvo presente. En cuanto Nanu me escuchaba recitar “La Elegía” de Miguel Hernández, la seriedad invadía el despacho. Chillaba yo y berreaba el loro. Y no estábamos para nadie. Cerrábamos la ventana de los geranios y nos desahogábamos en lamentos. A veces entre mis lágrimas creí ver que él también lloraba. Era solidario, en las buenas y en las malas. ¡Ay!...

La señora Rathma (empleada del hogar) y el loro se tenían respeto, sin embargo él la vacilaba imitando el sonido del teléfono: "¡Riiiiiing, riiiiiiing, riiiiiing!", Rathma corría a contestar y Nanu se le adelantaba "Diga", decía con mi voz…
Un día Rathma hizo expresiones de júbilo moviendo rápidamente su lengua, sonidos que le encantaron a Nanu y se emocionó tanto que daba vueltas en su jaula silbando alborotado, yo pensé que quería aprenderlos, pero la señora no los repitió.

La vecina lo cuidaba cuando me iba de viaje. A mi regreso le daba sus regalos: “Mira Nanu, un espejito, mira, una barra de cereal, un cascabel”… pero él estaba enojado conmigo porque lo había abandonado. Me ignoraba por un tiempo, me hacía la “ley del hielo” y nomás veía a mi vecina asomar por la ventana se desvivía en fiestas para ella, hasta que por fin un día Nanu me perdonaba… y volvía todo a la normalidad.

Y yo siempre al pendiente limpiando la jaula; y poniéndole la comida; y desinfectando; y cuidándolo del frío y del calor; lo protegía en las noches de fiesta, en la época de petardos y cohetes, y cuando había tormentas con truenos y relámpagos; y que nadie le fuera a tirar algo por la ventana; y los escapes de los coches que no despidieran gases contaminantes; y otra vez la limpiada de la jaula, cada día, por las mañanas y por las noches… y era el cuento de nunca acabar… y hablando con él y cantando y riendo y llorando.
¡Ay!, mi querido
Nanu.

Pero llegó un día en que...
Continuará.

viernes, septiembre 21, 2007

Dame la pata

¿Quién era esclav@ de quién?...

Cada día por la mañana:
Me despertaba escuchando la voz de mi compañero que me llamaba meloso y también a gritos. Sin embargo estaba sola… Se mezclaban mis cantos con silbidos y carcajadas y al rato, ruidos en los que nunca (antes de que Nanu llegara) había reparado.
Los techos altos de la casa creaban una acústica distribuyendo y elevando la voz de mi loro que se disparaba sonora por todas partes.

Me desperezaba, bajaba de dos en dos las escaleras y me iba directo al despacho, donde me pasaba horas escribiendo, escuchando música y leyendo. Un ventanal daba a la calle. Y allí, junto a la ventana y macetas con geranios, estaba él: Nanu.

Comía, bailaba, cantaba, hacía ruidos espectaculares… pero no eran gritos repetitivos de loro molesto. Eran imitaciones exactas de nuestras voces y sonidos.
Nomás me veía aparecer y ponía en marcha su repertorio con más ahínco: “Hola Nanuuu. ¿Cómo está mi pajarito? Nanu, dame la pata. Piojito piojito ahhh qué rico. Bon día Nanu. Nanu, ¿te rasco la barriguita? Hola Nanuuuu. Viva México ca… Hola, Nanu. Vizca Catalunya. Hola Nanu. Al vent, de cara al vent” y… después comenzaba a cantar Y si Adelita se fuera con otro... y Guadalajarrrra Guadalajaaraaa y terminaba silbando la mentada… (no sé quién le enseñó a silbar así, seguro alguien que pasaba por la calle, jajaja). Y claro, era un loro bilingüe, també parlaba catalá… ;)

Yo limpiaba y desinfectaba la jaula. Disponía de tiempo para entrenarlo, le permitía andar libre por la casa, que volara un rato, y después lo metía de nuevo usando un periódico para empujarlo suave marcándole el camino. Se requiere de mucha paciencia.
“Paradentroparadentroparadentromuybienyaestá”.
Aprendió a entrar y salir.
Y ya habían pasado tres horas de la mañana… Y cinco meses. Y todos los días era igual… Si por las mañanas me largaba a navegar con mi marido, regresaba corriendo y sintiéndome culpable a “cumplir” las obligaciones con mi loro.

Como a las once se aparecía la vecina en la ventana. Yo interrumpía mi escritura y platicaba con ella. Y Nanu allí, contento, con dos mujeres, se paseaba orondo por la jaula. Se dejaba tocar por las dos. Y pasaban caminantes que se detenían a saludar a Nanu…
Yo miraba cómo el cachete izquierdo de mi vecina se ponía rojo por el sol que le daba de lado. El sol mediterráneo calaba fuerte, dos calles más abajo, estaba el mar…

Al caer la noche:
La jaula de Nanu tenía ruedas
. Lo llevaba a la sala y allí le abría las puertas para que volara un rato y paseara a su antojo. Le daba sus vitaminas y su cena: frutas, verduras, pipas, cacahuates y agua. Luego limpiaba la jaula otra vez.
Nanu
era un loro sano, sus plumas estaban brillantes y él se veía fuertote.
Yo era la que iba perdiendo fuerzas por tanto trabajo, jajaja.
Además, Nanu tenía el trauma de la captura por eso me picaba a veces.
Pensé en llevarlo a mi analista… a que se normalizara y por una buena vez ¡carajo!, dejara de picotearme.

Para qué negarlo, hubo días que me preguntaba: ¿Cuántos años viven los loros? ¿Será siempre igual, yo limpiando, viviendo para él? ¿Contrataré una nana para que haga estos trabajos? ¡No!, me respondía, porque entonces ya no sería mi Nanu y yo lo quería.

PD. Olvidé decir que cantaba “La Adelita” y “Guadalajarrraaaa, Guadaaalajaaaarraa” igualito que Nat King Cole.
Y su favorita para bailar era "Chiquita, que lindo tu cuerpecito, bailando este meneíto..."

Continuará…

lunes, septiembre 17, 2007

Hola, Nanu

Ya había oscurecido cuando fuimos a por el Nanu. Estaba helando y el frío era espantoso. Lo sentía terrible debajo de la ropa, y eso que me abrigué suficiente.

Compramos el loro en una tienda de las Ramblas. Nos dijo el empleado que no tendría más de un año. Era un Yaco africano gris con la cola roja.
Temblaba asustado y gritaba fuerte
. El dependiente lo agarró con unos guantes y lo metió en una jaula forrada con papel. El animal, cuando ya no pudo ver nada, dejó de gritar.
Pobrecillo, pensé, debe tener frío. Él, que viene de África, del calor…

Encendimos la calefacción de la casa. Quería que se sintiera cómodo en su nuevo hogar… y seguro él estaría pensando en qué le iban a hacer esos verdugos que lo tenían allí y lo miraban de ese modo.

Tenía ganas de abrazarlo y de quitarle el frío que yo sentía y calmarle el susto. Quería que comiera y bebiera y que comenzara a repetir mis frases y mis canciones. Y que me diera la pata y hacerle el piojito rascándole la cabeza… y su barriguita.

Nos miraba temeroso. Le platiqué para que fuera reconociendo mi voz, para que me imitara. Pero el animal se pescaba con una pata del palo donde estaba y con la otra de las rejas de la jaula, como si de esa forma fuera en cualquier momento a echar a volar para protegerse de nosotros, sus enemigos actuales. De su garganta salían molestos sonidos muy fuertes si me acercaba.
Así que me aguanté las ganas de abrazarlo, sólo traté inútilmente de desearle buenas noches y decirle hasta mañana.

-Hola, Nanu.
Nanu quiere decir “niño” en catalán.
Y no fue mi voz la que dejó salir primero el Yaco. No. Fue la voz de mi pareja. La escuché y pensé que había vuelto temprano de su trabajo.
-Hola, Nanu –repitió.

Me fui rápidamente al teléfono.
-¡Escucha!
–dije a mi esposo poniendo el aparato cerca de la jaula.
-…
Nada.
-¡Ey! ¡Habla! ¡Di lo que dijiste!
–le decía al loro y…
-…
Silencio. Nomás me miraba. Colgué el teléfono sin que mi compañero supiera qué dijo el animal. Yo quería que fuera una sorpresa para él.

Pero tras cerrar la comunicación telefónica, otra vez:
-Hola, Nanu
–dijo.
-Jajaja, me estás vacilando, condenado Nanu.
-Jajaja. Hola, Nanu
–repitió mezclando mis carcajadas con la voz de mi marido.

Y así fue como lo llamamos: Nanu.
Estábamos a finales de la primavera.

Ya se había ido el frío…