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viernes, mayo 01, 2009

Chivas

Chivas, Chivas, ra, ra, ra.
(...)
Insisto en la Paciencia y Tolerancia.

PD.
He quitado los enlaces deportivos de los periódicos mexicano y argentino.
Lo que me interesaba destacar era que el miedo puede convertir a los humanos en seres irracionales y agresivos.
En su lugar dejo este fragmento de un mail que me llegó:

“Teoría de Naomi Klein: La Doctrina del Shock.
(…) A grandes rasgos establece que cuando una sociedad entra en estado de Shock, es más propensa a obedecer y a aceptar las órdenes y acciones de sus gobernantes. Aunque también tener a una sociedad en shock, es buena forma de distraer su atención.”
Esto viene muy bien explicado en el siguiente video de Alfonso Cuarón y Naomi Klein:

http://www.youtube.com/watch?v=_nNJM0kKrDQ

martes, abril 28, 2009

El cocinero


Una mañana que mirábamos manchas en la pared -nos habíamos aficionado el viejo y yo a la contemplación- mi abuelita andaba por ahí dando órdenes y disponiendo. Al encontrarnos meditando se transformó en huracán que arrasó con cualquier manchita que estimulara nuestro interior.

Y entre los reclamos de la anciana había algo así como: “¿¡Qué hacen!? ¡Toca el violín, declama, pero no estés nomás mirando la pared! ¿¡Dónde quedaron las cuentas y las matemáticas!? ¡La niña debe hacer sus tareas!”
Creo que le repliqué que estaba de vacaciones… cuando el abuelo tomó mi mano y tranquilamente nos fuimos caminando hasta el río, que estaba a unos cuantos pasos de la casa.

«Nunca te he visto pelear, gritar, ni discutir con la abuela», le dije.
Me respondió que amaba a su mujer y que, además, ella era su maestra.
«¿Por qué lo dices? Tú eres un sabio, abue… ¿qué tienes qué aprender?»
Entonces me contó una historia:

«Había una vez un hombre que ofrecía sosiego a los que llegaban a visitarlo.
-Maestro, te admiro por tus conocimientos… -le decían
-Eres el más grande, el más sabio… -se escuchaba.
Llegaban a su rancho que tenía las puertas abiertas a quien quisiera dormir, comer o pasear e incluso instalarse a vivir allí. Venían desde lugares lejanos a buscarlo, porque con unas frases del sabio, sentían alivio a sus pesares, y salían de sus dudas existenciales. Todos le tenían un gran respeto, por eso no se atrevían a hacerte LA PREGUNTA. Y sus seguidores, cada vez más numerosos repetían sus visitas sin atreverse… a preguntarle».

Mi abuelo hacía pausas en su relato que me llenaban de ansiedad.
«¿Qué pregunta, abuelito? ¿Cuál pregunta? ¡Dime! ¡Anda!»

Y el viejo continuaba:
«El gran maestro tenía un cocinero que le preparaba sus alimentos y le servía en la mesa. Este hombre era muy desagradable, grosero y le faltaba al respeto al sabio, y a veces hasta lo insultaba…
Los visitantes que llegaban a su casa, no pudieron más y finalmente se atrevieron a preguntarle por qué tenía allí a ese hombre pudiendo tener a su servicio a los más amables y buenos cocineros que lo complacerían en todo y jamás lo contradecirían o disgustarían en nada».

«Pero ¡claro! Abuelito, entonces no era tan sabio el maestro… podría comer riquísimo y en un ambiente relajado, sin embargo…»
Mi abuelo hizo una pausa y me miró… entonces callé y pensé que la historia tenía un fondo que aún no comprendía. Él continuó:

«El sabio dijo a sus visitas que el cocinero era su mejor Maestro de la Tolerancia y de la Paciencia, que cada momento que pasaba con él era un aprendizaje y que eso valía más que todo».

Tendidos en la hierba cerramos los ojos para escuchar con más nitidez el correr de las aguas del río… mientras imaginaba a la abuela cocinando esos platillos que tanto gustaban al viejo.

lunes, abril 27, 2009

OATES

Es un placer la lectura de cualquiera de sus novelas o relatos... donde sea que me encuentre.
Espero que llegue pronto a Cancún su nueva novela titulada Mamá.


Después de un tiempo de ausencia procuro volver a escribir en el blog.

Desde este espacio mando a tod@s abrazos y besos virtuales...

¡Cuídense! que yo también lo haré.

domingo, febrero 01, 2009

La mancha

A mi abuela le encantaba organizar saraos, ir al teatro, montar a caballo, jugar tenis… El quiquiriquí del gallo era su despertador y el comienzo de su actividad. Se levantaba gustosa para ir a la misa y a su regreso ordenaba todo, disponiendo, mandando; subía y bajaba, salía… Moviéndose siempre con la agilidad de una joven moza que, a veces, ponía a mi abuelo de nervios.
«Es que no me alcanza el tiempo», decía ella, sin dejar de hacer algo. Lo que fuera. Regar las plantas o tocar el piano. Sus manos nunca estaban quietas. Una vez la descubrimos que, dormida, tejía un jersey.

El abuelo meditaba, sentado y silencioso, con la mirada fija en una mancha dibujada en el techo de la sala. Parecía transportado a otra época. Completamente lejano del ruido y de la actividad de su entorno.
-Ya han pasado dos meses y parece que fue ayer cuando festejábamos aquí mismo con los primos –le dije.
-Sabia virtud de conocer el tiempo… -me respondió.

Me senté en el sillón y me uní a la contemplación del viejo. Comencé a encontrar formas en la mancha del techo. Primero distinguí una cara de hombre barbudo, luego ese rostro se transformó en una naricilla pecosa que acto seguido fue un perro con colmillos que rápidamente se convirtieron en un par de ojos gatunos que se difuminaron hasta parecerme todo unas olas de mar en movimiento...

-En el espacio nos movemos hacia cualquier dirección. Observa a la abuela –me dijo.
Y la miré: esbelta; falda larga; collar de perlas y arracadas; pelo cano, recogido en un moño. En esos momentos tenía el teléfono entre la oreja y el hombro; en una mano, un cucharón; en la otra, el encendedor de la estufa; caminaba alrededor de la mesa; removía comida en un recipiente; a la vez que hablaba por su inalámbrico, asentía o negaba con la cabeza a la cocinera que algo le decía, y daba probaditas a un guisado… No paraba de gesticular y moverse.
Volví a la mancha del techo.

-Abuelo, ¿cómo hago para viajar al futuro? Quisiera saltarme algunos días y volver al presente después de los exámenes…
-No puedes hacer esos saltos en el tiempo. Aún –me dijo, y agregó-: Sin embargo viajamos en el tiempo todo el tiempo, sin parar, a una velocidad de segundo por segundo en una corriente poderosa que nos empuja al futuro, sin tregua. Lo único que tienes que hacer es, como dijo Renato Leduc que dice el refrán, dar tiempo al tiempo
-Y estudiar, abuelito, no me queda otra salida… todavía estoy a tiempo.
-En el universo de Newton el viaje en el tiempo era imposible. En el de Einstein, se ha convertido en una posibilidad real -concluyó.

Y los dos mirando al techo continuamos dándole a la imaginación, sacando formas y figuras de la mancha… hasta que, de pronto, escuché la voz del abuelo:
AQUÍ SE HABLA DEL TIEMPO PERDIDO / QUE, COMO DICE EL DICHO, / LOS SANTOS LO LLORAN
Sabia virtud de conocer el tiempo; / a tiempo amar y desatarse a tiempo; / como dice el refrán: dar tiempo al tiempo… / que de amor y dolor alivia el tiempo.
Aquel amor a quien amé a destiempo / martirizóme tanto y tanto tiempo / que no sentí jamás correr el tiempo, / tan acremente como en ese tiempo.
Amar queriendo como en otro tiempo / -ignoraba yo aún que el tiempo es oro- / cuánto tiempo perdí –ay- cuánto tiempo.
Y hoy que de amores ya no tengo tiempo, / amor de aquellos tiempos, cómo añoro / la dicha inicua de perder el tiempo…

Luego, llegó de nuevo el silencio y la mancha. No sabría calcular por cuánto tiempo...

Ilustración: La primera de las diez láminas del test de Rorschach.
Fuente: Wikipedia.

lunes, enero 26, 2009

Momento libre

Después de unos días intensos: citas, entrevistas, comidas de negocios, definir estrategias, decidir... me siento un momento a mirar el paisaje.


Me acuerdo del abuelo, extraño a mis gatos.

Y sobre todo: escribir en el Blog.


Ps. El problema de este momento libre es no saber qué decisión tomar: si bajar al mar y bañarme... o tirarme en una tumbona en la playa (traigo una novela que me tiene en sus garras).

O seguir aquí...

martes, enero 20, 2009

Aviso

Desde mi trinchera, en Cancún, notifico que:

Las mañanas están frescas y agitadas… al igual que mis proyectos.
Tomaré unos días de vacaciones blogueriles.
Avisaré a tod@s cuando regrese.

Ps. L@s echaré en falta.

jueves, enero 08, 2009

El concierto

Venían los gatos. Todos. No me atrevo a decir que los del pueblo, pero sí los del barrio. Eran más de doscientos, una vez intenté contarlos. De diferentes clases, tamaños y colores, con pelambres y sin pelo, con pedigrí y sin papeles, enfermos y sanos, preñadas y con sus crías… venían todos. Sigilosos.

Con una coleta estirando su cabello hacia atrás, controlaba el abuelo su alborotada melena. Siempre me pareció que este peinado lo hacía verse más distinguido y moderno. Pero que no soplara la tramontana, porque él se transformaba… los ojos del viejo, abiertos y brillantes no miraban a ninguna parte y su pelo suelto se agitaba furioso por los aires.
Viento para él era sinónimo de violín. Y las melodías que arrancaba a su instrumento parecían lamentos de una pasión desesperada.

Ver el enorme patio de la casa lleno de gatos era espeluznante, me provocaba escalofríos. Se subían a las tapias, se trepaban por los árboles, se metían al invernadero, andaban por debajo y encima de las mesas del jardín, por las canchas de tenis, se ponían tumbados al lado de la piscina, y se sentaban correctos en las sillas. Así como iban llegando… se acomodaban.

Yo formaba parte del público, me instalaba en buen lugar antes que los mininos. Muchos ya me conocían, me saludaban ronroneando y repegando su lomo en mis piernas, y acto seguido como si me ignorasen. Otros se dejaban acariciar, pero los había ariscos, o juguetones, y misteriosos… Y todos, nomás comenzaba el viejo a tocar Il trillo del diavolo, se sentaban correctos, con las orejas en posición de escucha atenta, y con sus ojos muy abiertos y brillantes mirando fijamente, como en trance hipnótico, al abuelo… o tal vez, al mismo diavolo.

El viejo tocaba con pasión moviendo su cuerpo, agitando su cabellera y echando las melodías al aire con esa fuerza que sólo los orates poseen.
El patio se llenaba de animales que se iban poniendo al final de los gatos: camaleones, tarántulas, urracas, tortugas, mariposas, gusanos y algún que otro perro guardián que, atento, observaba a los espectadores sin disfrutar realmente del espectáculo… o eso me parecía.

Y de pronto, cuando paraba el viento, mi abuelo recogía su cabello haciéndose la coleta y daba por terminado el concierto… El silencio llegaba al patio y los primeros en irse eran los que al último habían llegado, menos los perros que, disimulando, seguían en su guardia del orden…
Las tarántulas, los pájaros, camaleones y demás bichitos que atraídos por las melodías habían osado acercarse, se metían en sus covachas, corrían o volaban despavoridos antes de ser presa de cualquier sujeto o animal con hambre.
Y se iban todos… tan sigilosos como habían llegado.

-¿A dónde se va la música, abuelito?
-A donde se va la luz –me contestó.
-¿Y las palabras?
Entonces llegó la hora de recitar… comenzó con Octavio Paz y su Destino de poeta:

¿Palabras? Sí, de aire, / y en el aire perdidas. / Déjame que me pierda entre palabras, / déjame ser el aire en unos labios, / un soplo vagabundo sin contornos, / que el aire desvanece. /
También la luz en sí misma se pierde.

Mi abuela regresó de su visita a la iglesia y nos encontró conversando en el patio.
Una jarra de limonada y canapés fueron puestos en una mesa de jardín. Y ella, compartiendo amablemente con nosotros, dijo:
-Esto es muy grande y puede haber ratones, ¿qué tal si adoptamos un gatito?

Ilustración: Portada de CD. Il Trillo del diavolo de Giuseppe Tartini.
www.stradivarius.it

lunes, diciembre 29, 2008

Primos

Que el abuelo fue matemático, músico, poeta y loco, ni dudarlo... y era en las fechas navideñas cuando su locura se acentuaba. Le ponía de nervios tanto alboroto, la música estridente de villancicos y los grititos de felicidad de los primos y de gente que venía con regalos a visitar a la familia. Las puertas de casa permanecían siempre abiertas y había un tráfico de amistades que no paraba de entrar y salir.

Él se escondía, se iba a la biblioteca o a pasear al jardín así estuviéramos a cuatro grados. Yo lo seguía y cubriéndolo con una manta me lo llevaba al invernadero a que recuperara su cordura en soledad, o mejor dicho, en mi compañía.
-"Hipotenusa es el lado de mayor longitud de un triángulo rectángulo, y el lado opuesto al ángulo recto. La medida de la hipotenusa puede ser hallada mediante el teorema de Pitágoras, si se conoce la longitud de los otros dos lados, denominados catetos…"

Los brotes esquizofrénicos le duraban unas horas:
-"El conjunto de los números primos es un subconjunto de los números naturales. Son mayores que 1 y divisibles por sí mismos y por la unidad. Por ejemplo, el número 7 tiene sólo dos divisores que son el 1 y el mismo 7 por lo que 7 es número primo… El número 4 tiene más de dos divisores distintos: el 1, el 2 y el 4 por lo que 4 no es un número primo."
Y se ponía a mencionar los primos menores que cien: "Son 25: 2, 3, 5, 7, 11, 13, 17, 19, 23, 29, 31, 37, 41, 43, 47, 53, 59, 61, 67, 71, 73, 79, 83, 89 y 97."
-Abuelito, ¿para qué nos sirven los números primos? –le preguntaba. Su respuesta era muy escueta, decía que para la informática… Y es que el viejo en esos momentos no estaba para dar razones, sólo repetía lo que su cabeza le iba dictando.

-La Aritmética tiene siete operaciones básicas que son: Suma. Resta. Multiplicación. División. Potenciación. Radicación. Logaritmación. A la operación conjunta de todas estas operaciones se le conoce como cálculo aritmético
Yo le decía, después de un rato:
-Ya sabemos que "El orden de los factores no altera el producto", abuelo. Así que ahora quisiera que me declamaras un poema… Por ejemplo el de La risa, de Neruda. Y él salía de su ensoñación o del mundo donde había estado y se soltaba:

Quítame el pan si quieres / quítame el aire, pero / no me quites tu risa.
No me quites la rosa, / la lanza que desgranas, / el agua que de pronto / estalla en tu / alegría, / la repentina ola / de planta que te nace.
Mi lucha es dura y vuelo / con los ojos cansados / a veces de haber visto / la tierra que no cambia, / pero al entrar tu risa / sube al cielo buscándome / y abre para mí todas / las puertas de la vida.
Amor mío, en la hora / más oscura desgrana / tu risa, y si de pronto / ves que mi sangre mancha / las piedras de la calle, / ríe, porque tu risa / será para mis manos / como una espada fresca.
Junto al mar en otoño, / tu risa debe alzar / su cascada de espuma, / y en primavera, amor, / quiero tu risa como / la flor que yo esperaba, / la flor azul, la rosa / de mi patria sonora.
Ríe de la noche / del día, de la luna, / ríete de las calles / torcidas de la isla, / ríete del torpe / muchacho que te quiere, / pero cuando yo abro / los ojos y los cierro, / cuando mis pasos van, / cuando vuelven mis pasos, / niégame el pan, el aire, / la luz, la primavera, / pero tu risa nunca / porque me moriría.

Terminando el poema comenzábamos a reír y me venía la tranquilidad al saber que el viejo había vuelto a la vida. La abuela parecía que adivinara porque justo entonces…
-¡A la mesa! –nos gritaba desde la cocina.
-¡Vamos, abuelito! Que la cena nos espera.
-Tú debes de saber que 2+2 no son 4, ¿verdad? –me decía por el camino.
-Sí, abuelito, 2+2 son tres, ya me lo habías dicho…

Nomás entrar a casa nos recibían con abrazos y besos y nuestros platos llenos de comida mientras los primos cantaban, bailaban y reían por todo lo alto.

-¡Feliz año nuevo! –gritaban por doquier.
Y era cuando el abuelo sacaba su violín y se unía, feliz, al alboroto.

Ilustración tomada de Wikipedia: "El pobre anciano no podía gritar…" www.cervantesvirtual.com

lunes, diciembre 22, 2008

Deseos de

¡Felices fiestas!

Te invito a:
DEL DIARIO CANCÚN
http://desayunocomidaycena.blogspot.com/

La segunda temporada de aquel blog donde cuento cómo me va en los restaurantes... entre otras cosas.

Les deseo que el 2009 sea un mejor año.
Que haya para tod@s:

¡Mucho amor, euros y salud!

lunes, diciembre 15, 2008

El espejo

Todos los diciembres eran iguales, nomás empezaba y con él venían los olores en la cocina.
El afecto se mezclaba entre las comidas, regalos y preparativos. El encuentro con parientes y amig@s; las carcajadas, abrazos y buenos deseos; los villancicos que cantaba a todo pulmón; las posadas y la espera de la Nochebuena y la Nochevieja.
Tanta felicidad casi se desbordaba por mi pecho de niña: ¡El abuelo nos visitaba el mes entero! (junto con la abuela y mi tía soltera, claro). Estábamos de fiesta.

En cuanto el viejo llegó, le dije:
-Mira abuelito, he comprado con mis ahorros dos décimos de la Lotería, uno es mío y el otro para ti. Este billete al principio me gustó, pero ahora me parece que es un número muy bobo.
-¡Gracias por el regalo! A ver, déjame verlo, “01729” ¡qué va a ser bobo!, es un número muy interesante, es el más pequeño que puede ser expresado de dos maneras distintas como suma de dos cubos…
Agarró la tiza y se puso a rallar la pizarra con números que demostraban la importancia de 01,729 = 1 (al cubo) + 12 (al cubo) = 10 (al cubo) + 9 (al cubo).

Las charlas con mi abuelo me llevaban a reflexionar y a ver el mundo distinto. Sin duda, pensaba las cosas de manera diferente después de platicar con él. Sentí miedo cuando vislumbré la posibilidad de que no estuviera más conmigo, me puse tan triste que la vista se me nubló y tuve la sensación de haberme ido por un túnel. Cuando desperté (fueron segundos de inconsciencia) le dije:
-Abuelito, me fui por un agujero negro o viajé en el tiempo. Me vi sentada a una mesa, escribiendo junto a un ventanal. Afuera llovía y había muchos árboles que se movían con el viento. Tengo la impresión de haber estado en una habitación que no conozco pero que he visto en sueños… o me parece.

-No era agujero negro, porque de serlo no hubieras podido salir de él ya que es una trampa cósmica. Mira, ven –me dijo.
Repuesta de la extraña sensación de haber vivido algo raro, como viajar a quién sabe dónde sin moverme de sitio, seguí al abuelo que me quería mostrar no sé qué.
-Toma esta pelotita, lánzala hacia arriba y ya ves, cae al suelo siempre. Pero si la lanzas a la velocidad de escape de la Tierra, tendrías qué lanzarla a 40,320 kilómetros por hora.
-¡Es la velocidad de despegue de los cohetes espaciales! Van a 11,2 kilómetros por segundo –le dije. Lo había estudiado en clase.

Luego, el abuelo me llevó dentro de casa, a la sala, donde había un gran espejo antiguo con marco dorado.
-Mírate en este espejo. Ahora ven hasta aquí –me señaló un metro y medio más lejos.
-¡Ya! -me miré… las coletitas caían a medio hombro; las tobilleras las había cambiado por medias de lana; vestía una falda tipo escocesa y un jersey blanco; me había puesto sombra en los ojos y ¡rimel en las pestañas!… también había crecido, estaba más alta allí, a lado de mi querido viejo.
-Estás viajando en el tiempo –me dijo-. La imagen que ves de ti misma, no eres tú ahora, eres tú hace 10 nanosegundos. Viajando a 0,3 metros por nanosegundo, la luz tarda 5 nanosegundos en ir desde tu cuerpo al espejo y otros tantos en regresar. Así que cuando nos miramos en el espejo, estamos mirando una versión más joven de nosotros mismos.
-¡Qué increíble, abuelito! Explícame más de los viajes en el tiempo…

El timbre del teléfono nos interrumpió, contesté la llamada y me olvidé por completo del abuelo, los túneles del tiempo, los agujeros negros, los números interesantes...
El viejo declamaba El futuro, de Julio Cortázar, cuando me le acerqué para darle un beso… me iba a una posada con mis amiguitas y claro, allí vería a mi compañero de clases Acuario. Y salí disparada como cohete…

Y sé muy bien que no estarás. / No estarás en la calle / en el murmullo que brota de la noche / de los postes de alumbrado, / ni en el gesto de elegir el menú, / ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes / ni en los libros prestados, / ni en el hasta mañana. / No estarás en mis sueños, / en el destino original de mis palabras, / ni en una cifra telefónica estarás, / o en el color de un par de guantes / o una blusa. / Me enojaré / amor mío / sin que sea por ti, / y compraré bombones / pero no para ti, / me pararé en la esquina / a la que no vendrás / y diré las cosas que sé decir / y comeré las cosas que sé comer / y soñaré los sueños que se sueñan. / Y sé muy bien que no estarás / ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo, / ni allí afuera / en ese río de calles y de puentes. / No estarás para nada, / no serás mi recuerdo / y cuando piense en ti / pensaré un pensamiento / que oscuramente trata de acordarse de ti.

Ilustración: El espejo falso, 1935. René Magritte.