
El
sábado por la tarde fui de
compras con mi hermano.
Llevaba la idea de escoger una Nochebuena que supliera mi planta virtual ;)Estaba todo al cincuenta por ciento de descuento en ese almacén de la familia de los “…depot”.
Estacionamiento lleno, coches por doquier, doble fila, sonando los cláxones, colapso…
Desde la entrada vi al gentío arrebatándose objetos.
Y prontito mi hermano con entusiasmo:
“Mira, el nutripasto fertilizante está a 11 pesos… ¡y el nutriflor de 1 kilogramo a 16!”.
No era mala idea, mi planta virtual no necesitaba fertilizantes, sin embargo la Nochebuena… De pronto escuché: “¡Auxilio!” y vi a lo lejos personas empujándose por el pasillo de las lámparas.
Mi hermano seguía echando artículos en su carrito:
“Qué te parece esta hidrolavadora a 760.00 fácil de empotrar e incluye accesorios”.
“Buenísima”, le contesté. “¿Y este atornillador inalámbrico?”, le pregunté.
“Fabuloso”, me dijo.
¡Era inalámbrico!, y costaba 82.50… También metí en el carrito el kit de navajas de doscientos pesos.
Estaban liquidando la tienda y los descuentos no se podían despreciar.
El carrito de mi hermano rebozaba de cosas. En una mano traía un rociador profesional de mochila 4 galones. Me sonrió:
“Vale 444 con cincuenta”, dijo señalándome su derecha, en la izquierda llevaba un cepillo Palmira bulldozer de 145.
Miré los artículos puestos en mi carro: Una aspiradora para agua y polvo de 6 galones, seco/mojado a $560. Bueno, servirá para darle vacaciones a la que tengo… en eso estaba divagando cuando me pregunta mi hermano:
“¿No quieres este disco para sierra circular?”.
Lo dudé antes de decir: NO, y de inmediato alguien se lo llevó.
Me detuve, era importantísimo estudiar la posibilidad de elegir una manguera bicapa ner que costaba 295, ¡roja!, preciosa. O llevar una “dremel 16” naranja scroll saw 1680-11, no sabía lo que era pero tenía unos dibujos de figuritas muy lindos. Y quedaban dos.
¡Qué decepción!, ya estaba vendido ese tocador color calabaza que costaba 680 pesos. Pero la campana satinada a 155 podría servir para reponer la de la cocina.
Y que echo al carro la escoba cepillo de 100, el paño para auto con abrillantador, la cinta para tina, baño y regadera de nomás 73 y no debía faltarme ¡el taladro martillo de tres octavos!, que tenía el precio ridículo de 176 pesos.
¡Aguarrás!, siempre necesario, ¿no? Y los botes de pinturas, con lo que me gustan los colores.
“Nadie puede mejorar nuestros precios. Garantizado” decía un letrero.
Que agarro rápidamente una grabadora reproductora de casetes, CD y MP3 a sólo 397 pesos… y ¡ah!, la tele de 21” Sharp que costaba 775, que la echo al carrito…
La gente empujaba. “Disculpas”, decían y se llevaban las cosas que yo miraba (aprendí de inmediato a disimular mi interés).
A lo lejos apenas distinguí a mi hermano.
“Me llevo todos los ventiladores que quedan” escuché que decía.
Fue cuando me topé con el Windex desengrasante a 22 y un Turbo doble de aspas en 231… ¡Ay!, el último del estante.
“¡Es mío!”, dije.
Cuando hacía cola en las cajas registradoras me enamoré de esas esferas naranjadas con diamantina, a lado del ¡Flexómetro!, que estaba a cuarenta y uno con cincuenta…
Y cuando llegué a casa descubrí que me olvidé de comprar
¡la Nochebuena!