
Nos lanzamos, una amiga (Claudia) y yo a recorrer construcciones para vender nuestra comida a los albañiles.
Andar de un lado para otro en un día de verano cancunense fue agotador.
Estábamos a unos 40 grados. De pronto se nubló, cayó un aguacero, escampó, al rato hizo un viento como de 70km por hora y luego volvió el sol a ocupar su lugar. Y la humedad en el ambiente regresó con más enjundia. Estos fenómenos naturales se dieron dos veces en el lapso de una hora.
Nosotras, casi sin respiración y transpirando… pero ilusionadas, comenzamos a trabajar locas de contento por toda la ciudad.
Risa y risa, ¡jajaja!
En cada construcción donde parábamos, apagaba el motor del auto, abría las ventanillas, levantaba la cajuela (allí estaba la hielera con las bebidas) y salíamos las dos del coche.
“¡Buenos díaaas! ¡Holaaa, buenos díaaas! ¡Traemos tortas, bien ricas, de jamón y queso y de chorizo con huevito! ¡Eeeey! ¡¿Alguien quiere una tortaaaa?! ¡¿Dónde está el encargadoooo?!”
Dejé que Claudia fuera la “voz” de las dos. Mi excusa era que yo conducía el coche.
Pasó la mañana entera, y ya al mediodía, lo que nos había parecido un súper negocio terminó en desilusión: de las veinte tortas sólo llevábamos vendidas 4. Una de huevo y las otras tres, de jamón.
La crema untada en el pan, con el calor podía echarse a perder…
Nos enteramos, en cada sitio, que ya alguien había ido a ofrecer comida. Y cuál era el precio de nuestra competencia.
En algunos lugares nos dijeron que volviéramos a la una, o fuéramos antes de las siete u ocho de la mañana. Pero que les hiciéramos “guisaditos”.
Otros, decían que no les gustan los alimentos que les lleva su proveedor, que querían probar lo nuestro... Algunos nos preguntaron si dábamos crédito.
“¡Vuelvan! ¡Sí, vengan! No, es que ya desayunamos”, nos decían y no compraban.
Ya no nos reíamos tanto… ja, ja.
Sin embargo, los refrescos los vendimos casi todos. Los trabajadores estaban sedientos y calurosos y llevarles una bebida fresca en medio de su jornada matutina les encantó.
También creo que les encantó la minifalda de Claudia…
Aquí estamos en el paraíso: paisajes bellos, mar de colores preciosos, espectaculares atardeceres, fauna y flora exuberante y exótica, entre otras cosas.
La zona hotelera con esos grandes (enormes) hoteles lujosos (por cierto, hoy desayuné en uno), ese derroche de riqueza y sensación de bienestar que se logra ofrecer al visitante es realmente la imagen que se quiere dar. Y lo logran.
Cancún (y la Riviera Maya) es una cara bien maquillada, amable de trato y presencia impecable que ofrece la magia y el misterio de una cultura maya revalorada a través de Chichén Itzá como séptima maravilla por los mismos maquillistas.
Aunque lo realmente misterioso y oculto es la realidad de l@s trabajador@s: sueldos miserables, abuso en los horarios… entre otros.
Pero dije que ya no iba a quejarme. Así que me iré a la piscina a refrescar un poco antes de que se me ocurra otro negocio.
10 bolillos
10 teleras
¼ jamón
¼ queso
1 lechuga
2 jitomates
1 lata de frijoles
1 lata de chiles jalapeños
¼ de crema ácida
2 chorizos (100 grs.)
12 huevos
Refrescos
Hielo
Servilletas
Bolsas de plástico
Aceite
Gas
Mano de obra
Gasolina
Desgaste del auto
Friega que nos pusimos
Perdimos 100 pesos cada una…
¡¿Alguien quiere una torta?! ¡Eeeeeey!
¡Tortaaaaaas! ¡¿Dónde está el encargadooooo?!
PD.
-Me comí una de huevo con chorizo, me supo deliciosa... las demás las regalamos antes de que se echaran a perder.
-Entró un tábano al coche y para sacarlo…
-Olvidé las llaves dentro del auto cuando nos bajamos a comprar más refrescos.
Nota: agregar en los gastos, el taxi que nos llevó a casa a recoger la llave de repuesto y luego nos regresó al súper.