sábado, septiembre 29, 2007

Voló

Una noche que lo dejé libre para que volara en la sala… fue al segundo nivel de la casa.
Llegó a la terraza que estaba abierta. Allí se detuvo unos minutos…

Me miraba. Después miraba al cielo.
Parecía que pensara.
Volvió a mirarme un par de veces, y al cielo igualmente…

No hizo caso de mis súplicas:
“¡Regresa, Nanu! ¡No te vayas Pajarito, te rascaré los piojitos más seguido!¡Ven y dame la pata! ¡Te dejaré libre más tiempo por casa!
¡Quédate! ¡Te prometo que!…”

Fue inútil. Canté todas las canciones, bailé, hice de todo lo que suponía a él le gustaba… le enseñé el espejito, le soné los cascabeles, le silbé las mentadas, le recordé momentos agradables… pero él ya estaba decidido.

Nunca lo había visto tan grande y tan hermoso como lo vi esa noche en que se fue.

Extendió sus alas y al momento que comenzaba su vuelo, gritó mi nombre.
¡Juaaanaaaaaaa!
Miré cómo se iba.

Al poco tiempo yo también me fui.
Y la ventana de los geranios se cerró.

Colorín colorado, este cuento se ha terminado.

martes, septiembre 25, 2007

Colomitos inolvidables

Nanu me observaba atento. Callado. Mirando. Conociéndome. Desde su lugar, allí, un poco más alto que yo.
Me arrancaba contándole "Esta mañana me pasó… y luego vinieron y fuimos a comer y seguían en… y no me gustó la del… y entonces él me…" Podía decirle todo, absolutamente todo lo que me viniera en gana. Le confesé mis fantasías, mis deseos… él sabía toditos mis secretos.
¡Ay!, qué no le dije al Nanu

A veces cuando regresaba de la calle contenta por algo, el Nanu nomás verme llegar, intuía que iba a haber cantos y bailes y Nat King Cole a todo volumen "Chiquita, que lindo tu cuerpecito… ay merecumbé pa’ bailaaaa". Ya sabía que "Guadalajaaaaarra… son colomitos inolvidables…" estaría presente. Y carcajadas y Nanu sería recompensado: podría volar más rato del acostumbrado y comería cacahuates de premio.

Las ganas que tenía de darle besos y abrazos y que me hiciera carantoñas él a mí. Confiaba en que llegaría el día en que iba a poder acariciarlo a mis anchas. Extenderle sus alas, hacerle cosquillas… Requería de más entrenamiento, paciencia y tiempo. Pero iba por buen camino, ya podía rascarle la barriguita, espulgarle el piojito y el típico "dame la pata" que aprendió a pedirme.
Y habían pasado algunos años…

Hubo días tristes también… días en que el llanto estuvo presente. En cuanto Nanu me escuchaba recitar “La Elegía” de Miguel Hernández, la seriedad invadía el despacho. Chillaba yo y berreaba el loro. Y no estábamos para nadie. Cerrábamos la ventana de los geranios y nos desahogábamos en lamentos. A veces entre mis lágrimas creí ver que él también lloraba. Era solidario, en las buenas y en las malas. ¡Ay!...

La señora Rathma (empleada del hogar) y el loro se tenían respeto, sin embargo él la vacilaba imitando el sonido del teléfono: "¡Riiiiiing, riiiiiiing, riiiiiing!", Rathma corría a contestar y Nanu se le adelantaba "Diga", decía con mi voz
Un día Rathma hizo expresiones de júbilo moviendo rápidamente su lengua, sonidos que le encantaron a Nanu y se emocionó tanto que daba vueltas en su jaula silbando alborotado, yo pensé que quería aprenderlos, pero la señora no los repitió.

La vecina lo cuidaba cuando me iba de viaje. A mi regreso le daba sus regalos: “Mira Nanu, un espejito, mira, una barra de cereal, un cascabel”… pero él estaba enojado conmigo porque lo había abandonado. Me ignoraba por un tiempo, me hacía la “ley del hielo” y nomás veía a mi vecina asomar por la ventana se desvivía en fiestas para ella, hasta que por fin un día Nanu me perdonaba… y volvía todo a la normalidad.

Y yo siempre al pendiente limpiando la jaula; y poniéndole la comida; y desinfectando; y cuidándolo del frío y del calor; lo protegía en las noches de fiesta, en la época de petardos y cohetes, y cuando había tormentas con truenos y relámpagos; y que nadie le fuera a tirar algo por la ventana; y los escapes de los coches que no despidieran gases contaminantes; y otra vez la limpiada de la jaula, cada día, por las mañanas y por las noches… y era el cuento de nunca acabar… y hablando con él y cantando y riendo y llorando.
¡Ay!, mi querido
Nanu.

Pero llegó un día en que...
Continuará.

viernes, septiembre 21, 2007

Dame la pata

¿Quién era esclav@ de quién?...

Cada día por la mañana:
Me despertaba escuchando la voz de mi compañero que me llamaba meloso y también a gritos. Sin embargo estaba sola… Se mezclaban mis cantos con silbidos y carcajadas y al rato, ruidos en los que nunca (antes de que Nanu llegara) había reparado.
Los techos altos de la casa creaban una acústica distribuyendo y elevando la voz de mi loro que se disparaba sonora por todas partes.

Me desperezaba, bajaba de dos en dos las escaleras y me iba directo al despacho, donde me pasaba horas escribiendo, escuchando música y leyendo. Un ventanal daba a la calle. Y allí, junto a la ventana y macetas con geranios, estaba él: Nanu.

Comía, bailaba, cantaba, hacía ruidos espectaculares… pero no eran gritos repetitivos de loro molesto. Eran imitaciones exactas de nuestras voces y sonidos.
Nomás me veía aparecer y ponía en marcha su repertorio con más ahínco: “Hola Nanuuu. ¿Cómo está mi pajarito? Nanu, dame la pata. Piojito piojito ahhh qué rico. Bon día Nanu. Nanu, ¿te rasco la barriguita? Hola Nanuuuu. Viva México ca… Hola, Nanu. Vizca Catalunya. Hola Nanu. Al vent, de cara al vent” y… después comenzaba a cantar Y si Adelita se fuera con otro... y Guadalajarrrra Guadalajaaraaa y terminaba silbando la mentada (no sé quién le enseñó a silbar así, seguro alguien que pasaba por la calle, jajaja). Y claro, era un loro bilingüe, també parlaba catalá… ;)

Yo limpiaba y desinfectaba la jaula. Disponía de tiempo para entrenarlo, le permitía andar libre por la casa, que volara un rato, y después lo metía de nuevo usando un periódico para empujarlo suave marcándole el camino. Se requiere de mucha paciencia.
Paradentroparadentroparadentromuybienyaestá”.
Aprendió a entrar y salir.
Y ya habían pasado tres horas de la mañanaY cinco meses. Y todos los días era igual… Si por las mañanas me largaba a navegar con mi marido, regresaba corriendo y sintiéndome culpable a “cumplir” las obligaciones con mi loro.

Como a las once se aparecía la vecina en la ventana. Yo interrumpía mi escritura y platicaba con ella. Y Nanu allí, contento, con dos mujeres, se paseaba orondo por la jaula. Se dejaba tocar por las dos. Y pasaban caminantes que se detenían a saludar a Nanu
Yo miraba cómo el cachete izquierdo de mi vecina se ponía rojo por el sol que le daba de lado. El sol mediterráneo calaba fuerte, dos calles más abajo, estaba el mar…

Al caer la noche:
La jaula de Nanu tenía ruedas
. Lo llevaba a la sala y allí le abría las puertas para que volara un rato y paseara a su antojo. Le daba sus vitaminas y su cena: frutas, verduras, pipas, cacahuates y agua. Luego limpiaba la jaula otra vez.
Nanu
era un loro sano, sus plumas estaban brillantes y él se veía fuertote.
Yo era la que iba perdiendo fuerzas por tanto trabajo, jajaja.
Además, Nanu tenía el trauma de la captura por eso me picaba a veces.
Pensé en llevarlo a mi analista… a que se normalizara y por una buena vez ¡carajo!, dejara de picotearme.

Para qué negarlo, hubo días que me preguntaba: ¿Cuántos años viven los loros? ¿Será siempre igual, yo limpiando, viviendo para él? ¿Contrataré una nana para que haga estos trabajos? ¡No!, me respondía, porque entonces ya no sería mi Nanu y yo lo quería.

PD. Olvidé decir que cantaba La Adelita y Guadalajarrraaaa, Guadaaalajaaaarraa” igualito que Nat King Cole.
Y su favorita para bailar era "Chiquita, que lindo tu cuerpecito, bailando este meneíto..."

Continuará…

lunes, septiembre 17, 2007

Hola, Nanu

Ya había oscurecido cuando fuimos a por el Nanu. Estaba helando y el frío era espantoso. Lo sentía terrible debajo de la ropa, y eso que me abrigué suficiente.

Compramos el loro en una tienda de las Ramblas. Nos dijo el empleado que no tendría más de un año. Era un Yaco africano gris con la cola roja.
Temblaba asustado y gritaba fuerte
. El dependiente lo agarró con unos guantes y lo metió en una jaula forrada con papel. El animal, cuando ya no pudo ver nada, dejó de gritar.
Pobrecillo, pensé, debe tener frío. Él, que viene de África, del calor

Encendimos la calefacción de la casa. Quería que se sintiera cómodo en su nuevo hogar… y seguro él estaría pensando en qué le iban a hacer esos verdugos que lo tenían allí y lo miraban de ese modo.

Tenía ganas de abrazarlo y de quitarle el frío que yo sentía y calmarle el susto. Quería que comiera y bebiera y que comenzara a repetir mis frases y mis canciones. Y que me diera la pata y hacerle el piojito rascándole la cabeza… y su barriguita.

Nos miraba temeroso. Le platiqué para que fuera reconociendo mi voz, para que me imitara. Pero el animal se pescaba con una pata del palo donde estaba y con la otra de las rejas de la jaula, como si de esa forma fuera en cualquier momento a echar a volar para protegerse de nosotros, sus enemigos actuales. De su garganta salían molestos sonidos muy fuertes si me acercaba.
Así que me aguanté las ganas de abrazarlo, sólo traté inútilmente de desearle buenas noches y decirle hasta mañana.

-Hola, Nanu.
Nanu quiere decir “niño” en catalán.
Y no fue mi voz la que dejó salir primero el Yaco. No. Fue la voz de mi pareja. La escuché y pensé que había vuelto temprano de su trabajo.
-Hola, Nanu –repitió.

Me fui rápidamente al teléfono.
-¡Escucha!
–dije a mi esposo poniendo el aparato cerca de la jaula.
-…
Nada.
-¡Ey! ¡Habla! ¡Di lo que dijiste!
–le decía al loro y…
-…
Silencio. Nomás me miraba. Colgué el teléfono sin que mi compañero supiera qué dijo el animal. Yo quería que fuera una sorpresa para él.

Pero tras cerrar la comunicación telefónica, otra vez:
-Hola, Nanu
–dijo.
-Jajaja, me estás vacilando, condenado Nanu.
-Jajaja. Hola, Nanu
repitió mezclando mis carcajadas con la voz de mi marido.

Y así fue como lo llamamos: Nanu.
Estábamos a finales de la primavera.

Ya se había ido el frío

lunes, septiembre 03, 2007

La Ola

A veces grandes, gigantes... nos invitan al respeto.
En ocasiones sumisas, moderadas, ¡no les creas!, no te engañen.

Mentirosas, con corrientes subterráneas que te atrapan y te hunden, te sacuden y revuelcan hasta que no puedes más.

Según Wikipedia:
"Las olas
son ondas que se desplazan por la superficie de mares y océanos, puestas en marcha por el viento, y son el principal agente de modelado de las costas."

Siempre que escribimos sobre las olas parece que hablamos de algo apasionado. Y es que… ¿Cuándo hemos visto una ola insípida? ¿Una ola aburrida? ¿Una ola igual a otra?

Entre más se estrellan, embravecen al mar y chocan contra las rocas o sacan sonidos que hacen rugir al viento, más nos emocionamos.
Las olas son así: fuertes, seguras, van y vienen, caprichosas, juguetonas, divertidas, salvajes y no tienen piedad.

¿Te has sentido fascinad@ observando las olas?
¡Cuidado! No te enamores de una…
Te recomiendo que leas el cuento que escribió Octavio Paz… he aquí un fragmento:

Mi vida con la ola
"Cuando dejé aquel mar, una ola se adelantó entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras, que la detenían por el vestido flotante, se colgó de mi brazo y se fue conmigo, saltando. No quise decirle nada, porque me daba pena avergonzarla ante sus compañeras. Además, las miradas coléricas de las mayores me paralizaron. Cuando llegamos al pueblo, le expliqué que no podía ser, que la vida en la ciudad no era lo que ella pensaba en su ingenuidad de ola que nunca ha salido del mar. Me miró seria: Su decisión estaba tomada. No podía volver. Intenté dulzura, dureza, ironía. Ella lloró, gritó, acarició, amenazó. Tuve que pedirle perdón. Al día siguiente empezaron mis penas. …

Su presencia cambió mi vida. La casa de pasillos oscuros y muebles empolvados se llenó de aire, de sol, de rumores y reflejos verdes y azules. … ¡Cuántas olas es una ola o cómo puede hacer playa o roca o rompeolas un muro, un pecho, una frente que corona de espumas! Hasta los rincones abandonados, los abyectos rincones del polvo y los detritus fueron tocados por sus manos ligeras. Todo se puso a sonreír y por todas partes brillaban dientes blancos. El sol entraba con gusto en las viejas habitaciones y se quedaba en casa por horas, cuando ya hacía tiempo que había abandonado las otras casas, el barrio, la ciudad, el país. Y varias noches, ya tarde, las escandalizadas estrellas lo vieron salir de mi casa, a escondidas. El amor era un juego, una creación perpetua. Todo era playa, arena, lecho de sábanas siempre frescas. Si la abrazaba, ella se erguía, increíblemente esbelta, como tallo líquido de un chopo; y de pronto esa delgadez florecía en un chorro de plumas blancas, en un penacho de risas que caían sobre mi cabeza y mi espalda y me cubrían de blancuras. O se extendía frente a mí, infinita como el horizonte, hasta que yo también me hacía horizonte y silencio. Plena y sinuosa, me envolvía como una música o unos labios inmensos. Su presencia era un ir y venir de caricias, de rumores, de besos.
…"

domingo, septiembre 02, 2007

Y el siguiente es...


Félix

Varios programas pendientes, redacciones, correcciones y otros, que no me han permitido postear ni comentar... Pero l@s leo.

Volveré.